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abril 20, 2026

Milei amenaza con cerrar CLARIN por una investigación en su contra

Furioso por la revelación del contrato que lo vincula con Hayden Davis, el impulsor de la estafa cripto Libra, Javier Milei volvió a cruzar un límite institucional y lanzó amenazas veladas contra el diario Clarín, en un episodio que reaviva las alarmas sobre la libertad de expresión en la Argentina.

El matutino publicó el viernes el contrato firmado en la Casa Rosada entre el presidente y Davis, un personaje hasta entonces desconocido, cuyo vínculo con el escándalo financiero ya es objeto de análisis en el Congreso. A partir de esa información, los legisladores que integran la comisión investigadora Libra evalúan ampliar la pesquisa, mientras crece el malestar por la inacción del fiscal Eduardo Taiano, a cargo de una causa que avanza con llamativa lentitud.

La reacción presidencial no se hizo esperar. Un día después de la publicación, Milei difundió una serie de mensajes en redes sociales contra Clarín. En uno de ellos habló de una supuesta “masterclass” y citó irónicamente un tuit que aludía al “cierre” del diario, bajo el pretexto de que cada noche deja de circular antes de imprimir su edición del día siguiente. Un chascarrillo que, pronunciado por el jefe del Estado, adquiere otro espesor: el de una amenaza implícita contra un medio de comunicación.

El contexto agrava el sentido de esas palabras. Milei mantiene desde hace casi un año un tuit fijado en el que define a Clarín como “la gran estafa argentina”, y esta vez fue más allá al retuitear mensajes que sostienen que “Clarín sin pauta miente”, una consigna habitual de hostigamiento contra la prensa crítica.

El enojo presidencial resulta desproporcionado incluso para los estándares del actual gobierno. La nota sobre el contrato con Davis ni siquiera ocupó la tapa del diario, algo que sin dudas habría ocurrido si un escándalo internacional de esta magnitud hubiera involucrado a un gobierno peronista. Sin embargo, la reacción fue inmediata y virulenta.

El contraste histórico es elocuente. En 2014, sectores políticos y mediáticos invocaban el fantasma del “cierre de Clarín” para justificar el incumplimiento o la dilación en la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una norma antimonopólica votada por el Congreso. Aquella preocupación nunca se tradujo en hechos: Clarín no fue censurado ni cerrado, y siguió publicando sin restricciones. Hoy, en cambio, es el propio presidente quien amenaza públicamente a un diario por haber difundido una prueba que lo compromete.

Quedaron atrás, al menos por ahora, las visitas cordiales de Milei al CEO de Clarín, Héctor Magnetto, a quien frecuentaba acompañado por Sebastián Pareja. El ataque actual se produce en un momento en que parte del establishment comienza a tomar distancia del libertario, en la misma semana en la que Milei confrontó abiertamente con Techint y llegó a desearle la quiebra. Paolo Rocca, dueño del grupo industrial, comparte con Magnetto la conducción de la Asociación Empresaria Argentina (AEA).

El episodio con Clarín no es aislado. Un día antes, el oficialismo había desatado una ofensiva contra el New York Times, que reveló negociaciones entre la Argentina y Estados Unidos para recibir deportados. El gobierno no desmintió formalmente la información: el canciller Pablo Quirno, señalado como protagonista de esas gestiones, guardó silencio.

Milei se limitó a amplificar una desmentida informal de tuiteros libertarios, mientras el jefe del bloque oficialista en el Senado bonaerense, Agustín Romo, insultó al diario estadounidense en términos groseros.

Entre el relato de la libertad absoluta y las prácticas de apriete discursivo, el gobierno de Milei empieza a mostrar una contradicción cada vez más evidente: cuando la prensa publica información incómoda, la respuesta no es una explicación institucional, sino el ataque directo y la amenaza. Un escenario que recuerda viejos fantasmas, pero con un agravante inédito: ahora, el amedrentamiento no es una excusa retórica, sino una advertencia lanzada desde el poder.