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abril 20, 2026

Un joven argentino que mira la naturaleza a través de un nuevo lente y conquista al mundo con su mensaje ecológico

El 10 de octubre de 2025 marcó un antes y un después para Santiago Arias. Con apenas 21 años, recibió el primer premio del concurso internacional de fotografía organizado por la revista australiana Crikey, dirigida por la familia Irwin.

El galardón fue mucho más que una distinción: conectó su pasión por la conservación con el legado de uno de sus mayores referentes. Para él, el premio representa un impulso para seguir mostrando la belleza natural de Argentina y fortalecer su compromiso ambiental.

La imagen ganadora, titulada A Great Comeback, fue tomada en el Impenetrable chaqueño. En ella aparece Porá, un jaguar reintroducido como parte de un proyecto de restauración ecológica. La fotografía no solo celebra el regreso de una especie emblemática, sino que visibiliza un programa de reforestación que busca recuperar ecosistemas degradados.

Su publicación en la portada de la revista llevó esta historia de conservación a miles de lectores del mundo. Este logro, sin embargo, también expone la importancia de acompañar las vocaciones desde la infancia y fomentar el contacto real con la naturaleza.

Un joven argentino conquistó al mundo fotografiando a la naturaleza. Foto: Instagram/ @santiago_arias_photography.
Infancia entre montes salteños y el descubrimiento de una mirada propia

Santiago creció en Salta, rodeado por paisajes amplios y silencios que moldearon su sensibilidad. Desde pequeño pasaba horas explorando el campo familiar, observando animales y siguiendo rastros entre árboles y pastizales. Sin darse cuenta, ese hábito abrió el camino hacia la mirada que años más tarde definiría su fotografía.

Los primeros acercamientos a las imágenes llegaron desde las enciclopedias de fauna que lo fascinaban. A los 12 años empezó a experimentar: primero con una tablet, luego con una cámara que le prestó su tío. Lo que comenzó como un juego terminó convirtiéndose en una forma de comprender el mundo.

Con el tiempo descubrió que la fotografía no era solo un registro, sino una herramienta para ordenar su forma de ver. Congelar momentos lo intrigaba y lo impulsaba a seguir buscando escenas que revelaran algo más. Ese ejercicio constante fue dando forma a una identidad visual cada vez más clara.

Un salto de fe y un país que reveló nuevas formas de mirar

Al terminar la secundaria, creyó que necesitaba una carrera “convencional”. Intentó estudiar marketing, pero comprendió que ese camino lo alejaba de su esencia. Finalmente, decidió dedicarse por completo a la fotografía, aunque el futuro fuera incierto.

Ese salto lo llevó a recorrer distintos rincones del país con su cámara como guía. Durante meses tomó imágenes sin un rumbo definido, hasta que un día decidió enfocarse en los animales. El encuentro paciente con las aves fue decisivo para entender su vocación.

Pronto descubrió que cada región de Argentina le enseñaba una forma distinta de relacionarse con el tiempo. El norte lo atrapó por su contraste entre colores intensos y quietud profunda. La Patagonia lo transformó con su inmensidad y su sensación de límite natural.

Oso mielero. Foto: Instagram/ @santiago_arias_photography.
El encuentro con el yaguareté y una vocación que se vuelve causa

Uno de los momentos más impactantes de su camino fue encontrarse con un yaguareté. La presencia del felino, su silencio y su poder, le revelaron la fragilidad del ecosistema que lo rodea. Ese instante marcó un quiebre interior que lo llevó a asumir un compromiso más profundo.

A partir de allí comenzó a colaborar con equipos que monitorean especies vulnerables. Sus fotos sirven como soporte para estudios de comportamiento, distribución o impacto humano. El arte se combinó con la ciencia para visibilizar problemáticas que pasan inadvertidas.

También se sumó a campañas de concientización ambiental en humedales, bosques y montes. Su aporte fotográfico busca despertar empatía y acercar la naturaleza a quienes no tienen contacto directo con ella. Santiago afirma que la belleza es un motor poderoso para proteger lo que todavía nos acompaña.

Iberá y los aprendizajes de un modelo que une conservación y comunidad

Entre los lugares que más lo marcaron están los Esteros del Iberá. Allí comprendió que la conservación no solo beneficia a los ecosistemas, sino que también transforma vidas. La reintroducción de fauna impulsó un cambio económico que favoreció a las comunidades locales.

Pobladores que dependían de la caza o la pesca encontraron en el ecoturismo una alternativa sustentable. Ese proceso demostró que la restauración ambiental puede convivir con el desarrollo humano. Para Santiago, Iberá simboliza lo posible cuando la naturaleza se convierte en aliada.

La diversidad del humedal y su recuperación constante lo inspiran a seguir registrando historias que muestran esperanza. Sus fotografías buscan difundir ese modelo para que otras regiones repliquen su espíritu. Ver los resultados en primera persona fortaleció su convicción de que la conservación es un camino colectivo.

Un mensaje para una generación entre la conciencia y la desconexión

El premio internacional lo emocionó profundamente porque la revista pertenece a la familia Irwin. Desde niño admiró a Steve Irwin y su forma apasionada de acercar la fauna al público. Ser reconocido por ese legado lo motiva a seguir mostrando la riqueza natural de Argentina.

Santiago observa que su generación vive entre la conciencia ambiental y la desconexión digital. El exceso de estímulos dificulta la calma necesaria para observar y comprender el entorno. Aun así, cree que cada vez más jóvenes buscan experiencias reales con la naturaleza.

Considera que las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa si se usan con responsabilidad. Permiten llevar la naturaleza a personas que nunca tuvieron acceso directo a ella. Para él, la educación ambiental también pasa por imágenes que transmitan emoción y curiosidad.

Tucán. Foto: Instagram/ @santiago_arias_photography.
Una filosofía que guía cada disparo: proteger desde la belleza

Para Santiago, la fotografía no es solo técnica, sino también paciencia y respeto. Aprendió que una buena imagen nace del vínculo con el entorno y de la capacidad de transmitir una historia. Su objetivo no es mostrar destrucción, sino inspiración.

Busca que quienes vean sus fotos sientan amor por lo que existe y quieran protegerlo. Cree que nadie defiende aquello que no conoce, por lo que su misión es acercar la vida silvestre a la gente. Su trabajo es un puente entre la emoción y la conservación.

Hembra de mono carayá. Foto: Instagram/ @santiago_arias_photography.

A través de su lente, la naturaleza deja de ser una postal lejana y se vuelve parte esencial de nuestra identidad. Ese mensaje es el corazón de su proyecto: reconectar para defender. Y, mientras lo hace, Santiago continúa construyendo una obra que celebra la vida en todas sus formas.

Fuente: Noticias Ambientales.