Las familias argentinas llegan al cierre de 2025 con un nivel de endeudamiento que ya preocupa al Banco Central. El último informe sobre prestadores no financieros de crédito, complementado con los datos de la banca tradicional, muestra que cada cliente acumula en promedio $5,6 millones de deuda entre bancos, billeteras virtuales, cadenas comerciales y financieras. En un año, ese monto saltó 75 %, mientras la morosidad y el costo del crédito se disparan muy por encima de la inflación.
El mapa es claro: más personas usan bancos y billeteras al mismo tiempo, el crédito no bancario se expandió con fuerza y las tasas de interés multiplican por cuatro la suba de precios. El resultado es un cuadro de estrés financiero que ya encendió todas las alertas en el BCRA y deja a los sectores de menores ingresos en la cornisa.
Un cliente promedio con 5,6 millones de deuda
El nuevo informe del Banco Central sobre Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) detalla que el endeudamiento promedio por cliente se ubicó en julio en $5,6 millones, cuando un año atrás rondaba los $3,2 millones. En total, 6,2 millones de personas combinan deudas en el sistema bancario y en el circuito “extra bancario”, lo que muestra hasta qué punto se superponen las obligaciones financieras.
La radiografía del “cliente tipo” también está desagregada. De esos $5,6 millones, unos $4,4 millones corresponden a saldos con bancos (préstamos personales, tarjetas de crédito, descubiertos), mientras que alrededor de $1,2 millones se explican por créditos tomados en billeteras virtuales, financieras, cadenas comerciales, cooperativas y mutuales. En conjunto, este universo de prestadores no bancarios ya lleva otorgados alrededor de $11 billones en tarjetas y préstamos personales.
En paralelo, los informes de inclusión financiera del propio BCRA confirman que el uso combinado de bancos y billeteras se volvió la norma: cerca del 70 % de la población adulta tiene cuentas en entidades financieras o proveedores de servicios de pago, y más de 18 millones de personas operan con ambos sistemas al mismo tiempo. Esa mayor inclusión, celebrada en términos de acceso, hoy convive con un problema: buena parte de ese acceso se apoya en deuda cara.
Billeteras, fintech y electrodomésticos: dónde está la mora más alta
El deterioro de la calidad crediticia es otro de los datos que preocupa. Tomando en conjunto bancos y entidades no bancarias, la tasa de mora alcanzó un 8,6 %, más del doble que un año atrás. Pero la zona roja se concentra fuera del sistema tradicional: entre los prestadores no financieros, la irregularidad trepa al 15/16 % de la cartera, según los últimos reportes oficiales y privados basados en la misma base del Banco Central.
Al desagregar por tipo de producto, la situación es todavía más extrema. Los préstamos personales otorgados por fintech y financieras rondan el 20 % de mora. Los planes de financiación para electrodomésticos llegan al 27 %, ubicándose como el segmento más riesgoso. Las billeteras virtuales que ofrecen “cuotas” o microcréditos exhiben niveles de impago en el orden del 18 %. En el caso de los deudores “compartidos”, es decir, quienes deben al mismo tiempo a bancos y a prestadores no bancarios, la irregularidad se ubica en 8,6 % con los bancos, pero salta al 15 % en el circuito paralelo.
En la banca tradicional, el indicador de mora de los préstamos a las familias también viene en escalada. Entre comienzos de 2024 y mediados de 2025, ese coeficiente se duplicó y se ubicó por encima del 6 % en promedio, con un salto fuerte en tarjetas de crédito y préstamos personales. Es decir, ya no se trata solo de un problema “en los márgenes” del sistema, sino de una tensión que atraviesa a todo el mercado de consumo.
Tasas que cuadruplican la inflación y el desafío para el BCRA
Detrás del estrés financiero aparece una brecha evidente entre inflación y costo del dinero. Con una inflación anualizada en torno al 23 %, las tasas nominales de los préstamos personales no bancarios promedian el 129 % anual, mientras que el costo de financiarse con tarjeta de crédito en bancos se ubica cerca del 92 % anual. En los hechos, el interés mínimo cuadruplica la suba de precios y comprime al límite la capacidad de pago de los hogares.
En este contexto, el Banco Central intenta ordenar el tablero con dos líneas de acción. Por un lado, monitorea de cerca la cartera “en riesgo” de los prestadores no financieros y avanza con regulaciones específicas para el sector de fintech, billeteras y cadenas comerciales. Por otro, empezó a relajar encajes para estimular que los bancos vuelvan a prestar con tasas algo más competitivas, de modo de ofrecer una alternativa menos onerosa al crédito paralelo y reducir la presión sobre las familias más endeudadas.
El escenario que se abre hacia 2026 es una encrucijada conocida: si la economía no mejora y las tasas siguen altas, la mora puede seguir creciendo y obligar a endurecer condiciones, dejando a más personas fuera del crédito formal. Si, en cambio, las herramientas regulatorias logran que los bancos ganen terreno con productos más baratos y transparentes, el sistema tendrá una chance de bajar tensiones sin que el costo lo paguen, otra vez, los mismos deudores de siempre. Mientras tanto, la foto es inequívoca: billeteras recargadas, tarjetas al límite y un Banco Central que ve cómo la inclusión financiera empieza a chocar de frente con la realidad de los bolsillos.
Fuente: iProUP - Banco Central R.A.

