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abril 20, 2026

Del “orden y transparencia” al rojo furioso: Zdero cierra el año con el déficit provincial más grande de la última década

El gobierno de Leandro Zdero cierra 2025 con el peor resultado fiscal de los últimos diez años: un déficit equivalente al 8,5% del gasto total de la provincia, según estimaciones difundidas en base a datos preliminares del cierre presupuestario. La cifra expone una combinación explosiva: expansión del gasto en año electoral, uso intensivo de deuda de corto plazo y un giro incómodo respecto del discurso de “austeridad y orden” con el que el actual gobernador llegó al poder.

Mientras Nación aplicó un ajuste fuerte que le permitió consolidar superávit y reducir necesidades de financiamiento, Chaco siguió otro camino: aumentó el gasto, en especial en la primera mitad del año, para sostener obra pública, contrataciones, programas focalizados y eventos que reforzaran la visibilidad de la gestión. El resultado: un rojo histórico que ahora obliga a recortar partidas, priorizar el pago de salarios y aguinaldos y recurrir a más deuda de corto plazo para llegar a fin de año.

Del presupuesto “superavitario” al rojo del 8,5%

El contraste con las promesas es evidente. En octubre de 2024, el proyecto de Presupuesto 2025 presentado por el gobierno provincial se anunciaba como “superavitario” y con la austeridad como premisa, con un resultado financiero positivo previsto y un uso “prudente” de Letras de Tesorería para administrar la caja.

Sin embargo, los números fueron en la dirección opuesta. Informes académicos y de consultoras que siguen las cuentas subnacionales ya habían mostrado a Chaco entre las provincias con peores indicadores fiscales en 2024, con un déficit financiero cercano al 7 % del gasto total, junto con Buenos Aires y Entre Ríos.

Lejos de corregir el rumbo, 2025 terminó profundizando el desequilibrio: el gasto corriente creció por encima de los ingresos, el ahorro se deterioró y el margen de maniobra para inversión real directa se achicó al límite. El diagnóstico que circula entre economistas provinciales es claro: en un contexto donde la mayoría de las provincias ajustaron y volvieron al superávit, Chaco hizo lo contrario y ahora paga el costo.

Más deuda de corto plazo y menos autonomía financiera

Detrás del déficit récord aparece otro dato sensible: el salto en la emisión de deuda de corto plazo. Informes de Politikón Chaco y de consultoras privadas marcan que solo entre enero y septiembre de 2025 la provincia se ubicó tercera a nivel nacional en vencimientos de títulos públicos, con unos 80.633 millones de pesos en pagos, y acumuló emisiones por alrededor de 618.329 millones de pesos en bonos y Letras de Tesorería.

Esas Letras, aprobadas por ley y renovadas año tras año, se usan para cubrir baches de caja, pagar vencimientos previos y atender gastos corrientes. El problema es que, en un contexto de tasas altas y restricciones al acceso al crédito externo, cada nueva colocación encarece el financiamiento y reduce la autonomía fiscal de la provincia.

A eso se suma la dependencia creciente de la asistencia nacional. A comienzos de año, ya se había advertido que parte del déficit chaqueño se cubría con adelantos y transferencias discrecionales de la Casa Rosada, mientras el Tesoro provincial seguía ampliando el stock de Letras para sostener gastos básicos.

En paralelo, dirigentes opositores como el exgobernador Jorge Capitanich vienen señalando que la gestión Zdero “se gastó el superávit heredado”, proyecta un rojo que podría rozar los 400 mil millones de pesos y ya acumula más de 150 mil millones emitidos en Letras de Tesorería, con tasas que presionan aún más sobre las finanzas provinciales.

Chaco, la excepción incómoda

El caso chaqueño resalta todavía más cuando se lo ubica en el contexto nacional. Informes recientes marcan que, mientras el conjunto de provincias y la Ciudad de Buenos Aires encadenan varios años de superávit primario y muestran, en general, cuentas ordenadas, el rojo severo se concentra en pocos distritos, entre ellos Chaco, Tierra del Fuego y Buenos Aires, que recurren de manera intensiva a emisiones de deuda de corto plazo.

En contraste, jurisdicciones como CABA, Córdoba y Santa Fe lograron conservar superávit y acceso al crédito, lo que les permite financiar obra pública y reestructurar vencimientos sin quedar atadas a la negociación permanente con Nación. Ese desbalance fortalece la capacidad de la Casa Rosada para fijar condiciones en la discusión de transferencias y del Presupuesto 2026, y deja a Chaco en una posición negociadora más débil.

La pregunta que atraviesa el cierre del año es obvia: qué pasó con el discurso de austeridad, transparencia y “orden de las cuentas” que fue central en la campaña de Zdero. El giro desde aquel relato hacia un déficit récord en apenas dos años de gestión no se explica solo por el contexto macroeconómico ni por la herencia, sino también por decisiones propias: gasto electoral creciente, uso intensivo de deuda de corto plazo y ausencia de una estrategia clara de corrección temprana.

La sociedad chaqueña queda al final de la cadena: menos recursos para servicios esenciales, más presión futura para ajustar y una provincia que pierde margen de decisión sobre su propio presupuesto. El gobernador todavía tiene margen para reconstruir credibilidad fiscal si transparenta los números, explica qué se hizo con los recursos y presenta un plan consistente de salida del rojo. Pero el tiempo político se acorta, y esta vez el ajuste no será un eslogan: se sentirá en la administración, en los municipios y, sobre todo, en el bolsillo de la gente.