Chile y Ecuador vivieron el domingo 16 de noviembre una jornada clave para el mapa político regional. En Santiago, los chilenos eligieron ir a una segunda vuelta presidencial entre la comunista Jeannette Jara y el ultraderechista José Antonio Kast. En Quito, los ecuatorianos le dijeron “no” a las cuatro preguntas del referéndum impulsado por el presidente Daniel Noboa, incluida la instalación de bases militares extranjeras y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.
Chile: Jara y Kast a un balotaje polarizado
Con casi el 100 % de las mesas escrutadas, Jeannette Jara, exministra de Trabajo del gobierno de Gabriel Boric y candidata de la coalición de izquierda Unidad por Chile, se impuso con alrededor del 26,8 % de los votos. Segundo quedó José Antonio Kast, referente de la derecha dura del Partido Republicano, con cerca del 23,9 %. Ambos competirán en un balotaje previsto para el domingo 14 de diciembre, al no haber alcanzado ninguno el 50 % más uno de los votos válidos.
La elección se realizó en simultáneo con los comicios parlamentarios, donde se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados y una parte del Senado, configurando un Congreso fragmentado pero con un peso significativo de las fuerzas de derecha y centro-derecha.
Boric felicitó públicamente a Jara y Kast y llamó a respetar el resultado como una muestra de continuidad institucional, en un país que todavía procesa el fracaso del último proceso constituyente y la tensión social acumulada desde el estallido de 2019. En la recta hacia el balotaje, Jara buscará sumar al voto progresista y de centroizquierda, mientras Kast ya empezó a recibir respaldos de otras candidaturas conservadoras, en una disputa que vuelve a ordenar la política chilena en un eje izquierda–derecha clásico.
Ecuador: el “No” gana en las cuatro preguntas del referéndum
En Ecuador, la consulta popular y el referéndum también se realizaron el domingo 16 y tuvieron una participación cercana al 80 % del padrón. El resultado fue categórico: el “No” se impuso en las cuatro preguntas promovidas por Daniel Noboa. Entre ellas, la autorización para que se instalen bases militares extranjeras en el país, la reducción del número de asambleístas, la eliminación del financiamiento estatal a partidos y movimientos políticos, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución.
Con cerca del 90 % de las actas escrutadas, casi dos tercios de los votantes rechazaron la posibilidad de permitir bases militares extranjeras, mientras que más del 61 % votó en contra de abrir el camino a una nueva Constitución. Las otras dos propuestas también fueron derrotadas por márgenes amplios.
El revés constituye la primera gran derrota electoral de Noboa, que había presentado el paquete como la herramienta necesaria para “modernizar” el Estado y reforzar la lucha contra el crimen organizado, en un país golpeado por la violencia narco y el deterioro económico. Analistas locales vinculan el triunfo del “No” a la combinación de tres factores: rechazo a la presencia de fuerzas extranjeras, desconfianza frente a una posible concentración de poder presidencial y malestar social por decisiones recientes, como la eliminación del subsidio al diésel.
Noboa reconoció el resultado y dijo que respetará la voluntad popular, pero la derrota limita su margen para impulsar una reconfiguración institucional de corto plazo y lo obliga a buscar otros caminos para sostener su agenda de seguridad en medio de una crisis que se expresa en asesinatos de dirigentes, amenazas a periodistas y aumento de la conflictividad social.
Un mismo domingo, dos mensajes políticos
En un mismo domingo, Chile y Ecuador enviaron señales distintas pero conectadas. En Chile, la ciudadanía aceptó ir a un balotaje extremadamente polarizado entre una candidata que reivindica la continuidad de un proyecto progresista y un dirigente de extrema derecha que promete mano dura y orden. En Ecuador, el electorado decidió poner un freno a un paquete de reformas que mezclaba seguridad, rediseño institucional y presencia militar extranjera.
Para la región, el doble movimiento deja una foto clara: los oficialismos tienen poco margen para improvisar, la desconfianza hacia los intentos de concentrar poder sigue alta y los electorados se muestran dispuestos a votar a propuestas muy distintas entre sí, pero al mismo tiempo a bloquear cualquier reforma que perciban como una amenaza a su representación o a la soberanía nacional.

