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marzo 6, 2026

Tensión presidencial: Villarruel se despega de Milei y deja correr su candidatura para 2027

La interna libertaria ya no se disimula ni de madrugada. Victoria Villarruel volvió a marcar distancia del presidente Javier Milei con una serie de mensajes y reacciones en Instagram que exponen el deterioro del vínculo entre ambos. La vicepresidenta respondió a seguidores y críticos con un tono desafiante, apoyó comentarios que la postulan como candidata presidencial para 2027 y dejó una frase que resume su posición: “No soy servil ni obsecuente”.

El episodio, aparentemente menor, revela una disputa de poder cada vez más visible dentro de La Libertad Avanza. Mientras Milei consolida su perfil mesiánico y concentra decisiones en su círculo más estrecho —encabezado por su hermana Karina—, Villarruel busca construir identidad propia, diferenciada del personalismo que domina la Casa Rosada.

La publicación que encendió la polémica fue una foto junto a Shea Bradley-Farrell, presidenta del Instituto Counterpoint de Estados Unidos. Debajo del posteo, decenas de usuarios elogiaron su “decencia” y “coraje”, y destacaron su distancia con el oficialismo libertario. Lejos de moderar los ánimos, Villarruel respondió varios de esos comentarios y dio “me gusta” a otros en los que se acusaba directamente al presidente de “haberla dejado de lado”.

El gesto más nítido de rebeldía llegó cuando un usuario le preguntó por qué no abandonaba la política, a lo que contestó: “Porque en esta soy muy buena. Y decente, una condición en extinción”. Luego, ante quienes la criticaban por no alinearse con Milei, disparó: “Ustedes creen que se debe ser servil y obsecuente, y yo no lo soy”.
Las frases no dejan lugar a dudas: la vicepresidenta busca capitalizar el desgaste del presidente, que acumula frentes abiertos tanto en la gestión económica como en la relación con el Congreso.

La tensión tiene antecedentes. Durante la campaña de 2023, Milei prometió que Villarruel manejaría las áreas de Seguridad y Defensa, pero tras su pacto con Mauricio Macri y Patricia Bullrich, esos ministerios quedaron en manos de la exministra y de Luis Petri. Desde entonces, Villarruel quedó relegada a un papel institucional, pero conserva llegada a sectores militares, religiosos y conservadores que desconfían del rumbo ultraindividualista del presidente.

El “corazón” que dejó en un mensaje donde la llamaban “la próxima presidenta” no fue un descuido, sino un movimiento calculado. Villarruel mide su influencia en redes, cultiva una base propia y empieza a aparecer como opción para un espacio libertario sin Milei.

En silencio, el Gobierno atraviesa su primera fractura real: la de un poder compartido en los papeles, pero enfrentado en el proyecto. Mientras Milei gira por el exterior proclamando el capitalismo “como el único sistema justo”, su vicepresidenta hace campaña nocturna, midiendo la temperatura de un país cada vez menos convencido de su presidente.