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marzo 6, 2026

Milei pierde a su canciller y el gabinete se desmorona en la previa electoral

El Gobierno de Javier Milei se descompone antes de las elecciones y la salida anticipada del canciller Gerardo Werthein lo dejó expuesto. Lo que debía ser un relanzamiento político terminó convertido en una guerra de egos, filtraciones y traiciones. El canciller, que había acordado irse el lunes, decidió renunciar el jueves, dando un portazo que desató la furia del Presidente y echó por tierra la puesta en escena que el oficialismo planeaba para mostrar “orden y renovación” de cara a los comicios.

El gabinete libertario, ya fracturado, implosionó antes de tiempo. La salida de Werthein fue la chispa que encendió un fuego que venía ardiendo bajo la superficie. En Olivos y en la Rosada todos sabían que el vínculo entre el canciller y Karina Milei estaba roto, pero nadie imaginó que la pelea escalaría hasta precipitar la renuncia en plena cuenta regresiva electoral. Lo cierto es que Werthein se fue acusando, en voz baja, la intromisión de la hermana del Presidente en todos los asuntos de la Cancillería. Y no le faltan razones: en cada gira internacional, Karina se sentaba junto a Donald Trump, hablaba con diplomáticos y eclipsaba a su propio ministro.

El detonante fue un cruce feroz entre ambos. Werthein le había prometido a Milei postergar su salida hasta después de las elecciones para evitar el escándalo, pero el desgaste con “la Jefa” se volvió insoportable. La renuncia anticipada dejó a la vista las profundas internas entre Karina, Santiago Caputo y los distintos sectores que disputan el control del poder.

En ese triángulo de hierro, Caputo —sin cargo formal— se mueve como un ministro de hecho. Teje con la ultraderecha norteamericana, habla en nombre del Presidente y, según distintas versiones, fue quien más empujó la caída de Werthein, a quien responsabiliza por los papelones diplomáticos del último viaje a Estados Unidos. El episodio más burdo fue cuando Donald Trump confundió las elecciones argentinas con presidenciales y los asesores de Caputo salieron a culpar al canciller.

Desde la Casa Rosada no ocultan su enojo: Werthein, antes de irse, firmó decenas de designaciones diplomáticas que ahora el Gobierno pretende revisar. Pero más que bronca administrativa, hay pánico político. Con su salida, el oficialismo pierde un hombre de confianza de Eduardo Eurnekian —uno de los pocos empresarios que aún sostenía públicamente al Presidente— y se desarma el delicado equilibrio entre los socios internos.

La danza de reemplazos revela el caos: se habla de Guillermo Francos para ocupar la Cancillería, lo que abriría la puerta a que Santiago Caputo asuma como jefe de Gabinete. Otros nombres que suenan son Federico Pinedo, Diego Santilli y Cristian Ritondo, todos del PRO, en el marco de un acercamiento con Mauricio Macri que el propio Milei niega en público y negocia en privado.

Mientras tanto, el resto del gabinete se cae a pedazos: Patricia Bullrich se va de Seguridad, Luis Petri de Defensa, Mariano Cúneo Libarona de Justicia, y hasta el vocero Manuel Adorni prepara su salida. Martín Menem podría ser reemplazado en Diputados, y el propio Federico Sturzenegger, obsesionado con desplazar a “Toto” Caputo, ya mueve sus fichas para quedarse con Economía.

El supuesto relanzamiento del Gobierno terminó convertido en una interna salvaje, donde cada facción busca quedarse con un pedazo del poder antes del domingo. Milei, que soñaba con mostrar “renovación y unidad”, enfrenta ahora un gabinete deshilachado, una gestión paralizada y una imagen internacional en caída libre.

Gerardo Werthein se fue dando un portazo, pero el ruido no fue sólo el de una renuncia: fue el del derrumbe de un gobierno que se devora a sí mismo antes de llegar a su primera mitad de mandato.