Martín “Tincho” Ascúa, intendente de Paso de los Libres, viene ganando visibilidad y, según sondeos citados por la prensa política, se perfila como el principal candidato opositor con chances de disputar la gobernación en la elección del 31 de agosto. Esa irrupción obliga al oficialismo a rearmar la estrategia en una provincia que hasta ahora parecía cómoda para Gustavo Valdés.
Ascúa es dirigente del peronismo local, reelecto en Paso de los Libres y ahora cabeza del frente “Limpiar Corrientes”, que consolidó su postulación tras la unidad interna del justicialismo provincial. En los últimos días el candidato mostró músculo político: presentó un plan de gobierno y recibió apoyos nacionales que buscan posicionarlo como alternativa competitiva.
La campaña de Ascúa apuesta a capitalizar el descontento social y a forzar un escenario de segunda vuelta, donde confía poder enfrentar al candidato del oficialismo. La táctica incluye articular alianzas provinciales, mostrar propuestas concretas (por ejemplo, proyectos vinculados a vivienda y uso de bienes oficiales para financiar políticas sociales) y visibilizar gestión en los distritos donde gobierna.
El aval de figuras del peronismo nacional y la aparición en varios relevamientos lo dejan como el nombre que más inquieta a Vamos Corrientes: no solo por voto propio, sino por su capacidad para atraer votos de otras fuerzas que buscan evitar la continuidad del oficialismo. Los analistas consultados por medios locales lo leen como un mapa posible hacia el ballotage, más que como una victoria directa en agosto.
¿Y qué significa esto en la práctica para la provincia? Si las tendencias se mantienen, el oficialismo tendrá que aumentar la intensidad de la campaña y cuidar la fragmentación del electorado. Para el peronismo correntino, Ascúa es hoy la carta más visible para intentar romper la hegemonía provincial. La elección será, en suma, un termómetro de hasta dónde alcanza el voto opositor frente a la estructura de poder local.

