Leandro Zdero presentó este viernes 10 de abril una reestructuración de su gabinete y la mostró como el inicio de una “nueva etapa” de gestión. El mensaje oficial habló de acelerar resultados, mejorar la coordinación y darle más dinamismo al Ejecutivo provincial. El contexto político va para otro lado: el anuncio llegó cuando el gobernador atraviesa uno de sus momentos más incómodos, con una caída en su imagen pública que lo llevó al puesto 19 del ranking nacional de gobernadores de abril de CB Consultora, después de haber cerrado 2025 entre los mandatarios mejor posicionados.
Los cambios confirmados fueron la designación de Carolina Meiriño en la Secretaría de Coordinación de Gabinete, el pase de Julio Ferro a la Secretaría General de la Gobernación y la llegada de Carim Peche al Ministerio de Gobierno, Justicia, Trabajo y Derechos Humanos. El reordenamiento se completó días antes con la designación de Livio Gutiérrez como presidente del Nuevo Banco del Chaco, una movida que abrió la cadena de reemplazos dentro del núcleo político del Gobierno.
Reciclaje político en un momento de desgaste
Zdero buscó mostrar iniciativa en medio del desgaste, pero lo que exhibió fue un enroque interno con figuras de su confianza. Peche no representa una renovación ni una apertura. Es un dirigente histórico del radicalismo chaqueño, con una trayectoria larguísima en la política provincial. Su desembarco en una de las carteras más sensibles del gabinete refuerza la idea de que, frente a la caída de imagen y a los conflictos abiertos, el gobernador decidió refugiarse en nombres clásicos antes que abrir una etapa realmente nueva.
El caso de Julio Ferro muestra con claridad cuál es el problema de este reordenamiento: el Gobierno lo presenta como una nueva etapa, pero en los hechos vuelve a reciclar funcionarios dentro del mismo círculo de poder. Entre el 10 de diciembre de 2025 y el 10 de abril de 2026, Ferro pasó por cuatro cargos públicos distintos: fue subsecretario de Legal y Técnica, juró como diputado provincial y renunció ese mismo 10 de diciembre, luego asumió como ministro de Gobierno y ahora fue trasladado a la Secretaría General. Cuatro cargos en 120 días. Para una gestión que habla contra la “casta” y se vende como seria y eficiente, Julio Ferro demuestra que no hay renovación real, hay un mismo funcionario que va girando de despacho en despacho dentro del Estado.
El banco, otro movimiento que deja preguntas
La designación de Livio Gutiérrez en la presidencia del Nuevo Banco del Chaco también expone un punto delicado. Gutiérrez es abogado y dirigente político. La información oficial de su asunción lo presenta por su perfil institucional y político, sin mencionar antecedentes específicos en materia bancaria, financiera o económica. Para una entidad que el propio Gobierno define como una herramienta clave para el desarrollo económico y productivo de la provincia, la elección deja dudas razonables sobre el criterio profesional aplicado para conducirla.
El Nuevo Banco del Chaco es una pieza importante del sistema financiero provincial, con impacto en créditos, consumo, herramientas de pago y asistencia a sectores productivos. En ese marco, poner al frente a un abogado sin trayectoria conocida en gestión bancaria refuerza la impresión de que Zdero priorizó la confianza política antes que un perfil técnico para un cargo estratégico.
Una “nueva etapa” que llega tarde
La explicación oficial sostiene que la primera etapa de la gestión estuvo enfocada en ordenar y estabilizar la administración y que ahora comienza otra orientada a transformar ese orden en resultados concretos. El propio planteo deja al descubierto el problema central del zderismo: a más de la mitad del mandato, el Gobierno todavía habla de los resultados como una meta a conseguir y no como un saldo visible de gestión.
El problema de Zdero es que la gestión entró en una fase de desgaste, con menos respaldo, más cuestionamientos y resultados que no logran afirmarse en la percepción pública. En ese escenario, relanzar el gabinete con Peche, con Ferro rotando por cuatro cargos en cuatro meses y con un abogado al frente del banco provincial no transmite renovación ni fortaleza. Transmite urgencia, cierre sobre el propio círculo y la necesidad de fabricar una señal política cuando los resultados siguen sin aparecer.

