Promete dar pelea “hasta el último minuto” contra la reforma laboral de Milei
En un escenario de creciente tensión política y social, la CGT profundizó su ofensiva contra el Gobierno nacional y los gobernadores que facilitaron los votos para avanzar con la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. El oficialismo busca convertir la iniciativa en ley el próximo viernes en el Senado, mientras la central obrera advierte que no dará la disputa por cerrada.
Octavio Argüello, uno de los triunviros de la CGT y dirigente de Camioneros, aseguró que el sindicalismo intentará bloquear el proyecto “hasta el último momento” y cuestionó con dureza lo que definió como una reforma que “retrocede a 1900” en materia de derechos laborales.
“Vamos a seguir peleándola en todos los ámbitos: el legislativo, el judicial y en la calle”, sostuvo Argüello, al tiempo que reivindicó el último paro general como “mucho más profundo” que el anterior. No obstante, admitió que el margen para frenar la ley en la Cámara Alta es estrecho: “Es difícil que no se acepten las correcciones que se hicieron en Diputados y que se caiga la ley, pero hasta el último minuto vamos a intentar que sea así”.
La ofensiva sindical apunta directamente a la estrategia política del Gobierno, que logró reunir apoyos clave en el Congreso a través de acuerdos con mandatarios provinciales. Para la CGT, ese respaldo no es gratuito ni neutro.
Críticas al método Milei y a los gobernadores “entreguistas”
Argüello denunció que el Ejecutivo convirtió los espacios de diálogo en instancias de imposición. “Nos fuimos del Consejo de Mayo porque no era una mesa de diálogo, era de imposiciones. El Gobierno imponía su posición y no había forma de debatir”, señaló, en una crítica directa al estilo confrontativo que caracteriza a la gestión libertaria.
La central sindical también apuntó contra los gobernadores de Salta, Catamarca, Tucumán, Chubut y Santa Cruz, a quienes acusó de haber sido “entreguistas” por facilitar legisladores para aprobar la reforma. Según Argüello, muchos de esos apoyos respondieron a negociaciones por obras o financiamiento.
“No se puede vender la dignidad del pueblo por una zanja cuneta y dos metros de asfalto”, lanzó, en una frase que sintetiza el malestar gremial frente a lo que consideran un intercambio de respaldo político por recursos en un contexto de fuerte ajuste fiscal.
La crítica de fondo no solo recae sobre el contenido de la reforma —que modifica indemnizaciones, licencias y condiciones de contratación— sino sobre la orientación general del Gobierno. Para la CGT, la iniciativa forma parte de una matriz más amplia de desregulación y transferencia de riesgos al trabajador, en línea con el ideario económico de Milei, que prioriza la reducción de costos laborales como eje de competitividad.
Reclamos al peronismo y advertencia electoral
La conducción cegetista también dedicó fuertes cuestionamientos al peronismo, al que acusó de desorden y falta de reacción frente a un proyecto que redefine el marco laboral argentino.
“Se tiene que ordenar y dejar de pelearse por cosas que no le importan a la sociedad”, reclamó Argüello. Señaló, además, que el bloque que conduce José Mayans en el Senado no presentó un proyecto alternativo ni tuvo participación activa en la Comisión de Trabajo. “Les dijimos: ‘Muchachos, ¿qué están haciendo?’”, reprochó.
Aunque reconoció el acompañamiento del gobernador bonaerense Axel Kicillof, el dirigente sindical habló de un “silencio” generalizado frente a una reforma que, a su juicio, impacta de lleno en la estructura de derechos laborales construida durante décadas.
En ese marco, dejó una advertencia con tono electoral hacia los mandatarios que respaldaron la iniciativa oficialista: “El pueblo tiene memoria. En su momento van a tener que explicar cuál fue la traición al pueblo trabajador”.
Mientras el oficialismo confía en convertir la reforma en ley y consolidar uno de los pilares de su programa económico, la CGT anticipa que, de sancionarse, la disputa continuará en los tribunales y en la calle. El conflicto, lejos de cerrarse en el recinto, parece encaminado a prolongarse en un clima de creciente polarización política y social.

