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marzo 5, 2026

Milei avaló ataques contra Madanes en la antesala del debate laboral

El presidente Javier Milei quedó en el centro de una nueva polémica tras avalar en redes sociales una embestida de militantes libertarios contra el empresario Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate, luego de que la firma anunciara el cierre de su planta en San Fernando y el despido de más de 900 trabajadores.

El dato político no pasó inadvertido: la decisión de FATE se conoció el día previo al tratamiento de la reforma laboral en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. En un contexto en el que el oficialismo buscaba mostrar que su programa de apertura y desregulación generaría inversiones y empleo, el cierre de una de las principales fábricas nacionales desentonó con el relato gubernamental.

Desde el entorno libertario se activó rápidamente una ofensiva digital contra Madanes. Daniel Parisini, conocido como “Gordo Dan” y uno de los principales amplificadores del discurso oficial en redes, lo acusó de ser “fan de Moreno”, “defensor del cepo” y beneficiario de subsidios durante gobiernos kirchneristas. Otros referentes del ecosistema digital de La Libertad Avanza replicaron la línea argumental: el empresario sería parte de una “casta empresarial” que no quiere competir sin protección estatal.

Milei no se mantuvo al margen. Retuiteó varios de esos mensajes y publicó un sugestivo “¿Conspiranoico yo? Fin”, en alusión a supuestas maniobras del “círculo rojo” para desgastar su gestión. La señal fue leída como un aval explícito a la campaña de hostigamiento contra uno de los industriales más influyentes del país, también presidente de Aluar.

La reacción presidencial expone una tensión estructural del modelo libertario. Por un lado, Milei ha reiterado que no le preocupa el cierre de empresas que —según su visión— no sean competitivas en un mercado abierto. Ha llegado a sostener que quienes dependan de “negocios turbios con el Estado” deberían “desaparecer e ir a la quiebra”. Por otro lado, el cierre de FATE en la víspera del debate laboral dejó al Gobierno en una posición incómoda: la imagen de 900 despidos masivos contradecía el mensaje de que la reforma generaría más empleo y dinamismo productivo.

Desde la empresa sostienen que la decisión responde a una combinación de conflicto gremial prolongado, caída de la demanda interna y apertura importadora. En la Casa Rosada, en cambio, niegan una crisis industrial y repiten que los empresarios deben bajar costos y competir. No obstante, en los últimos meses se acumularon anuncios de cierres totales o parciales en distintos sectores manufactureros.

La confrontación con Madanes se inscribe además en una secuencia de choques del Presidente con referentes del establishment, como el cruce previo con Paolo Rocca por la provisión de insumos para proyectos energéticos. Milei parece decidido a ampliar su disputa contra lo que denomina “la casta”, incluso cuando esa categoría incluye a grandes empresarios nacionales.

El episodio deja al descubierto una paradoja: mientras el oficialismo impulsa una reforma laboral con el argumento de mejorar la competitividad y atraer inversiones, el cierre de una histórica fábrica nacional —y la reacción virulenta contra su dueño— profundizan la incertidumbre en el mundo industrial. La discusión ya no se limita al mercado, sino que se traslada al terreno político y digital, donde el Presidente no solo gobierna, sino que también combate.

Cierre de FATE y ofensiva digital: Milei avaló ataques contra Madanes en la antesala del debate laboral

El presidente Javier Milei quedó en el centro de una nueva polémica tras avalar en redes sociales una embestida de militantes libertarios contra el empresario Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate, luego de que la firma anunciara el cierre de su planta en San Fernando y el despido de más de 900 trabajadores.

El dato político no pasó inadvertido: la decisión de FATE se conoció el día previo al tratamiento de la reforma laboral en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. En un contexto en el que el oficialismo buscaba mostrar que su programa de apertura y desregulación generaría inversiones y empleo, el cierre de una de las principales fábricas nacionales desentonó con el relato gubernamental.

Desde el entorno libertario se activó rápidamente una ofensiva digital contra Madanes. Daniel Parisini, conocido como “Gordo Dan” y uno de los principales amplificadores del discurso oficial en redes, lo acusó de ser “fan de Moreno”, “defensor del cepo” y beneficiario de subsidios durante gobiernos kirchneristas. Otros referentes del ecosistema digital de La Libertad Avanza replicaron la línea argumental: el empresario sería parte de una “casta empresarial” que no quiere competir sin protección estatal.

Milei no se mantuvo al margen. Retuiteó varios de esos mensajes y publicó un sugestivo “¿Conspiranoico yo? Fin”, en alusión a supuestas maniobras del “círculo rojo” para desgastar su gestión. La señal fue leída como un aval explícito a la campaña de hostigamiento contra uno de los industriales más influyentes del país, también presidente de Aluar.

La reacción presidencial expone una tensión estructural del modelo libertario. Por un lado, Milei ha reiterado que no le preocupa el cierre de empresas que —según su visión— no sean competitivas en un mercado abierto. Ha llegado a sostener que quienes dependan de “negocios turbios con el Estado” deberían “desaparecer e ir a la quiebra”. Por otro lado, el cierre de FATE en la víspera del debate laboral dejó al Gobierno en una posición incómoda: la imagen de 900 despidos masivos contradecía el mensaje de que la reforma generaría más empleo y dinamismo productivo.

Desde la empresa sostienen que la decisión responde a una combinación de conflicto gremial prolongado, caída de la demanda interna y apertura importadora. En la Casa Rosada, en cambio, niegan una crisis industrial y repiten que los empresarios deben bajar costos y competir. No obstante, en los últimos meses se acumularon anuncios de cierres totales o parciales en distintos sectores manufactureros.

La confrontación con Madanes se inscribe además en una secuencia de choques del Presidente con referentes del establishment, como el cruce previo con Paolo Rocca por la provisión de insumos para proyectos energéticos. Milei parece decidido a ampliar su disputa contra lo que denomina “la casta”, incluso cuando esa categoría incluye a grandes empresarios nacionales.

El episodio deja al descubierto una paradoja: mientras el oficialismo impulsa una reforma laboral con el argumento de mejorar la competitividad y atraer inversiones, el cierre de una histórica fábrica nacional —y la reacción virulenta contra su dueño— profundizan la incertidumbre en el mundo industrial. La discusión ya no se limita al mercado, sino que se traslada al terreno político y digital, donde el Presidente no solo gobierna, sino que también combate.