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abril 20, 2026

Narnia al palo: Milei de gira mientras el país arde

Mientras vastas zonas del país atraviesan una crisis profunda —con incendios fuera de control en la Patagonia, caída del consumo, conflictividad social y economías regionales asfixiadas— el presidente Javier Milei elige el camino del espectáculo y la distracción. En Mar del Plata, epicentro de una temporada turística que ya es considerada la peor desde la pandemia, el mandatario continúa con una agenda más cercana al show mediático que a la gestión de un país en emergencia.

Lejos de atender la gravedad de los incendios en Chubut, que ya consumieron más de 35 mil hectáreas y amenazan vidas y bienes, Milei dedicó parte de su estadía a recorrer una fábrica de helados y a preparar su participación estelar en la Derecha Fest, un evento partidario con tintes provocadores y escaso vínculo con las urgencias nacionales. La postal es elocuente: un Presidente alojado en el Hermitage, rodeado de militantes y celebridades afines, mientras el país real se incendia —literal y metafóricamente—.

La situación económica golpea con fuerza a Mar del Plata. Los propios prestadores turísticos expresaron su malestar por la visita presidencial, no solo por el despliegue de seguridad y las molestias operativas, sino por la desconexión absoluta entre el discurso oficial y la realidad del sector. Según datos provinciales, la cantidad de turistas cayó respecto del año pasado, el consumo se desplomó en todos los medios de pago y las estadías se acortaron a apenas tres a cinco días. Familias con presupuestos mínimos, hoteles semivacíos, restaurantes con mesas libres y servicios trabajando a pérdida describen una temporada fallida que contrasta con la retórica libertaria del “rebote” y la “recuperación”.

Aun así, el secretario de Turismo y Medioambiente, Daniel Scioli, acompañó al Presidente sin emitir una sola declaración sobre la crisis turística ni sobre los incendios forestales. El silencio oficial frente a una catástrofe ambiental de esta magnitud refuerza la sensación de abandono y la falta de prioridades claras del Gobierno nacional.

El malestar social también se hizo visible en las calles. Jubilados marplatenses, que cada miércoles se movilizan por el deterioro de sus ingresos, protestaron frente al hotel donde se hospeda Milei y durante su recorrida por la zona de Güemes y Avellaneda. Reclaman lo mismo que en todo el país: jubilaciones de miseria, medicamentos inaccesibles y un ajuste que siempre cae sobre los mismos.

Como telón de fondo, la Derecha Fest se presenta como el gran acto político de la visita. Un evento con capacidad para miles de personas, montado en un predio costero cuestionado por vecinos y organizaciones ambientales, que advirtieron sobre posibles daños al patrimonio natural y problemas sanitarios. Lejos de atender esos reclamos, el oficialismo redobla la apuesta con una puesta en escena provocadora, discursos de odio y una estética deliberadamente confrontativa.

La grilla de oradores confirma el tono: militantes antifeministas y antiaborto, pastores evangélicos que demonizan a la izquierda, influencers del agravio y dirigentes que celebran el sufrimiento ajeno como forma de identidad política. Todo bajo la conducción de diputados que hacen del ridículo una bandera y de la provocación permanente una estrategia comunicacional.

En ese contexto, Milei no solo asistirá al evento: se prepara para cantar en el escenario, reforzando la idea de un Presidente más concentrado en alimentar su personaje que en ejercer el rol institucional que le asignó el voto popular.

La escena resume una forma de gobernar: frente a un país en llamas, literal y socialmente, el Presidente elige Narnia. Un mundo paralelo donde el ajuste no duele, los incendios no existen y la política se reduce a un show para convencidos. El problema es que, fuera de ese escenario, la realidad sigue avanzando sin respuestas.