Resistencia Cargando temperatura...
marzo 5, 2026

La convocatoria de Milei ya no es la de antes

Un auditorio semivacío, un discurso leído y una desconexión evidente con el clima global marcaron la participación del presidente Javier Milei en el Foro Económico de Davos, que pasó sin impacto político ni repercusión internacional relevante. La exposición del mandatario argentino fue escuchada por una platea reducida —apenas un 20 por ciento de la capacidad del salón principal— y contrastó de manera notoria con las intervenciones de otros líderes mundiales que lo precedieron.

Mientras el foro debatía tensiones geopolíticas concretas, guerras comerciales y el reordenamiento del poder global —acentuadas por el discurso de Donald Trump, que reavivó el conflicto con Europa por Groenlandia y amenazó con nuevos aranceles—, Milei eligió insistir con un mensaje ideológico ya conocido, ajeno al contexto y sin anclaje en los debates centrales del encuentro. Leyó un texto desordenado, incluso con errores evidentes al traspapelar las hojas, en el que volvió a proclamar que “el capitalismo de libre comercio es el único sistema viable” y que América debe “pagar su deuda civilizatoria” con gratitud hacia las corrientes filosóficas que la originaron.

La escena tuvo momentos llamativos por lo extemporáneo y lo bizarro. El más desconcertante fue el inicio del discurso, cuando anunció, sin mayor explicación, que “Maquiavelo ha muerto”, una referencia que descolocó a una audiencia ya raleada y que no guardó relación clara con el resto de la ponencia. El concepto, lejos de generar interés, se diluyó en un auditorio que no terminó de comprender el sentido de la mención al autor de El Príncipe, pilar del pensamiento político moderno.

Lejos de aprovechar el espacio para posicionar a la Argentina en el nuevo escenario internacional, Milei utilizó parte de su tiempo para repetir cifras domésticas —como la supuesta baja de la pobreza al 27 por ciento o la desaceleración de la inflación— y para elogiar a funcionarios de su gabinete, como la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello. Un mensaje incomprensible para una audiencia internacional y poco atractivo incluso para los pocos presentes en la sala.

Fuentes empresarias que participaron del foro señalaron que la exposición del Presidente argentino no superó el 20 por ciento de ocupación del salón, con una capacidad cercana a las 1300 personas. Tampoco la transmisión oficial por YouTube mostró niveles de audiencia significativos. Muy distinto fue el escenario de los discursos previos: Emmanuel Macron, Ursula von der Leyen y el propio Trump colmaron el auditorio, y en el caso del mandatario estadounidense fue necesario habilitar salas adicionales ante la alta demanda.

En la comitiva oficial hubo expectativas de retener parte del público que asistió a la exposición de Trump, realizada una hora antes. Sin embargo, los protocolos de seguridad obligaron a desalojar completamente las salas, lo que dejó en evidencia que Milei no logró convocar ni siquiera a una fracción de ese interés. No conservó ni 300 de las más de 1500 personas que escucharon al presidente norteamericano.

Otro contraste fue el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, que logró llenar el auditorio con una exposición centrada en la escalada de tensiones globales y la necesidad de protección frente al avance de las grandes potencias. La guerra verbal entre Canadá y Estados Unidos, explicitada luego por Trump, marcó uno de los ejes centrales del foro. Milei, en cambio, permaneció ajeno a ese debate y encerrado en una narrativa ideológica sin correlato con la realidad internacional.

Aun así, desde el entorno presidencial se intentó magnificar el contenido del discurso. El vocero y jefe de ministros, Manuel Adorni, destacó en redes sociales la supuesta “muerte de Maquiavelo” y difundió frases que no dialogaron con el contexto de Davos, como que “los mercados no sólo son superiores desde lo productivo, sino que también son justos”, o que “justicia y eficiencia son dos caras de la misma moneda”.

En el tramo final, Milei volvió a alinearse discursivamente con Trump al adaptar el lema “Make America Great Again” a una versión local, aseguró haber impulsado “13.500 reformas estructurales” y reiteró su cruzada contra el populismo, la agenda “woke” y los “parásitos socialistas”. También reivindicó la desregulación estatal, el rol de Federico Sturzenegger y el accionar del Ministerio de Capital Humano, con referencias que resultaron tan ajenas como reiterativas para el público internacional.

El cierre condensó el tono general de la exposición: “Maquiavelo ha muerto y es hora de enterrarlo. Viva la libertad, carajo”. Una consigna pensada más para la tribuna doméstica que para un foro global, y que terminó de sellar una participación que, lejos de posicionar a la Argentina, evidenció aislamiento, falta de lectura del escenario mundial y una desconexión profunda con los debates que hoy atraviesan al poder global.