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abril 20, 2026

Santilli vino por votos para la reforma laboral y Zdero los entregó: ¿qué vuelve a Chaco?

Diego Santilli llegó a la Casa de Gobierno para una misión simple: juntar votos en el Senado y “blindar” la reforma laboral de Javier Milei. Leandro Zdero le dio lo que vino a buscar: respaldo político y una foto prolija. A cambio, puso sobre la mesa lo que de verdad le importa a cualquier gobernador cuando aprieta el calendario: plata, deuda y obras.

La escena: apoyo “sin matices”

Tras la reunión en el Salón de Acuerdos, Zdero defendió la reforma como “herramienta central” para “recuperar competitividad y generar empleo formal”, y remarcó un punto específico: bajar contribuciones patronales del 18/20% a un 5%.

En el mismo paquete discursivo, el gobernador pidió una “reprogramación de una deuda” que “ahoga” a la provincia y volvió a reclamar obras (segundo acueducto del norte, ejes de integración con Corrientes, puertos).

Y hay un segundo carril más urgente: el artículo 191 del proyecto (Ganancias) preocupa a los gobernadores por el golpe a la coparticipación. Se habla de pérdidas mensuales del orden de $5.000 a $6.000 millones, con pedido explícito de “compensaciones”.

Lo que Chaco tiene hoy: desempleo alto y empleo precario

Acá aparece el problema de fondo: Chaco está discutiendo su supervivencia laboral.

En el tercer trimestre de 2025, Gran Resistencia registró 9,7% de desocupación, por encima del promedio nacional (6,6%).
Y aun cuando la desocupación nacional bajó, el crecimiento del empleo vino con más informalidad: subió la proporción de trabajo informal y buena parte de la absorción de demanda laboral se dio por esa vía.

Entonces, vender la reforma como una palanca automática de empleo en una provincia con mercado laboral frágil es, como mínimo, un acto de fe. Y la fe no paga el alquiler.

Reforma laboral: ¿a favor de quién y para qué Chaco?

El proyecto de reforma laboral incluye cambios fuertes: mecanismos alternativos de indemnización, “banco de horas”, modificaciones en reglas de negociación colectiva, ampliación de servicios “esenciales” que limita el derecho de huelga, y un blanqueo laboral, entre otros puntos.

El argumento oficial es conocido: menos “costo” y más previsibilidad para que el sector privado contrate. El problema es que Chaco no tiene un problema de “ganas de contratar” reprimidas por la ley laboral solamente. Tiene un problema de estructura productiva, inversión, escala, informalidad y demanda.

Una reforma puede cambiar incentivos en el margen. No crea, por arte de decreto, empresas nuevas, cadenas de valor, crédito barato, logística competitiva, energía confiable, capacitación masiva o consumo interno. Y sin eso, lo más probable es que lo que crezca sea el empleo más débil: el de baja protección y baja negociación, justo el que abunda cuando el Estado se retira.

Por eso la pregunta que queda flotando no es si Zdero apoya la reforma, sino qué cobró (o espera cobrar) por apoyarla. Porque lo que ya está explícito en la mesa es deuda, obras y compensaciones fiscales.

El beneficio inmediato parece más claro para el gobierno provincial (aire financiero y obras para gestionar) que para un chaqueño que hoy está desocupado o trabaja en negro. La reforma, tal como la están vendiendo, no garantiza empleo en Chaco: garantiza alineamiento político. Lo demás, en todo caso, se verá en los números. Y los números en Chaco suelen llegar tarde.