Por Oscar Meza
Cierro este fin de año con una preocupación que no es menor: la reforma laboral que impulsa el Gobierno Nacional de Javier Milei. Y me parece importante decirlo con claridad, porque detrás del discurso de la “modernización” y de las “mejores condiciones para producir” se esconde un objetivo viejo y conocido en nuestra patria: recortar derechos y facilitar despidos.
Una reforma para “crear empleo”… que termina habilitando despidos
Se nos quiere vender que esta reforma viene a promover el empleo y a mejorar el poder adquisitivo, pero, tal cual está planteada, no tiene ese destino. Lo que busca, muy por el contrario, es cercenar la historia de derechos laborales conquistados durante décadas y garantizar “mejores condiciones” para despedir y deteriorar la estabilidad laboral.
Y esto no es una interpretación caprichosa: en la historia argentina, cada vez que se avanzó en medidas que “abaratan” al trabajador y flexibilizan para despedir, el resultado fue el mismo. Aumentó el desempleo y el poder adquisitivo no mejoró. Nunca funcionó.
Poner dinero en el bolsillo: el mercado interno como motor real
Nosotros lo reafirmamos siempre: si de verdad se quiere mejorar el trabajo y luchar contra el desempleo, la receta no es recortar derechos. La mejor manera es implementar medidas concretas que fortalezcan el mercado interno, acrecienten el poder adquisitivo y empujen el consumo. Ese es el motor real del empleo.
Por eso sostengo lo contrario a lo que propone esta reforma: no hay que reducir beneficios ni “costos laborales” con la fantasía de que mágicamente habrá más empleo. Hay que hacer efectivo que el hombre del trabajo y la producción tenga más poder adquisitivo en el bolsillo. Reiteramos: poner dinero en el bolsillo.
La batalla que viene: Congreso y calle, con trabajadores y pymes
No va a ser fácil, pero hay que trabajarla. Yo soy fiel a la historia de nuestros trabajadores y creo que lo que viene va a exigir dos planos de acción: el Poder Legislativo y la calle. Diputados y senadores dando la pelea institucional, y los sectores del trabajo y la producción movilizados para frenar una reforma regresiva.
Y esto no es solo un tema “de gremios”. También hay sectores empresariales, particularmente ligados a las pymes, que van a tener que ser protagonistas defendiendo sus pequeñas y medianas empresas, porque cuando se destruye el mercado interno, se destruye también el entramado productivo.
Se engañan quienes creen que todo esto se hace “para mejorar”. Lo que va a suceder a poco andar es que va a quedar expuesto lo que hay detrás: obstaculizar beneficios y conquistas de derechos. Por eso tengo la esperanza de que importantes sectores de la comunidad acompañen esta resistencia para que esta quita de derechos no avance ni prospere en nuestra patria.
Y antes de cerrar el año, no puedo dejar pasar otra señal preocupante: la postura de la Argentina en una votación en la ONU vinculada a la promoción del cooperativismo, sumándose a una posición que considero vergonzosa y regresiva, traicionando una tradición histórica de nuestro país en la defensa del cooperativismo como motor del desarrollo y del trabajo.
Hoy en día es públicamente reconocida la importancia que tiene la promoción del cooperativismo a nivel mundial, a nivel regional en Latinoamérica y a nivel nacional en nuestra patria y este gobierno, una vez más, demostrando una posición absolutamente conservadora y regresiva, sigue los pasos de los Estados Unidos e Israel y traiciona la enorme tradición que tiene en nuestra patria el cooperativismo y la defensa del cooperativismo en todos los escenarios nacionales e internacionales.
A nuestra comunidad, gracias por acompañar y que tengan un feliz año nuevo. En el año que se inicia habrá que estar firmes, con claridad y convicciones, defendiendo los derechos históricos que hacen a nuestra identidad nacional.

