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marzo 5, 2026

2025 con inversión extranjera en rojo: se fueron más capitales de los que entraron y el interior lo paga

Cierra 2025 y el balance de inversión extranjera directa (IED) en Argentina dibuja algo que nadie quiere en los discursos oficiales: por primera vez desde que hay serie comparable (2003), la Argentina termina un año con saldo negativo de IED. No es solo que no lleguen inversiones nuevas. Es que se van capitales y proyectos que ya estaban. Eso tiene impacto concreto en economías regionales como las del Litoral y Chaco, donde cada dólar productivo importa.

Según las estadísticas del Banco Central sobre movimientos de divisas, entre enero y noviembre de 2025 la IED acumuló un déficit de US$ 1.421 millones (ingresos por US$ 1.342 millones, salidas por US$ 2.763 millones). En 2024 el saldo había sido apenas positivo (US$ 89 millones). La explicación principal es la salida de filiales de multinacionales, la venta de empresas a manos locales y el traspaso de activos, más que un freno en anuncios de nuevos proyectos.

El año en que la IED «real» se fue, mientras la financiera subió

La lectura política y económica de este 2025 es doble:

– Inversión productiva real (IED): negativa. Esto quiere decir que las empresas que producían acá redujeron su exposición o directamente se fueron, y entró menos dinero del que salió.

– Inversión financiera extranjera: positiva (US$ 1.354 millones). Es decir, hubo entrada de capitales financieros, pero no necesariamente destinados a generar empleos, fábricas o producción de bienes.

Ese contraste explica por qué el Gobierno puede hablar de cifras “de ingreso” sin mencionar el rojo estructural donde realmente importan los dólares para el desarrollo productivo.

Además, la cuenta de exportaciones e importaciones mostró un superávit comercial amplio, y hubo aportes relevantes de organismos internacionales (FMI, BID, etc.). Eso ayudó a las reservas, que crecieron en US$ 10.695 millones en 11 meses. Pero ese músculo financiero no cambia el diagnóstico productivo: menos inversión directa real, más dependencia de flujos especulativos o financieros.

Qué significa para el Litoral y Chaco

Cuando la IED productiva se retrae o sale, el impacto en el interior se siente en la economía real, sobre todo en regiones como el Litoral y el Chaco:

– Santa Fe: un polo agroindustrial y manufacturero que vive de inversiones en maquinaria, ampliación de plantas y eslabones exportadores. Menos IED significa menos renovación tecnológica y menor capacidad de escala competitiva.
– Corrientes y Misiones: sectores como la forestoindustria, economía del conocimiento y producción de alimentos dependen de inversión en capital y logística. La salida de filiales puede reducir compras a proveedores locales y derrame a las economías regionales.
– Chaco: una economía con menor densidad de grandes inversiones privadas. Cada proyecto foráneo que se va supone pérdida de empleo indirecto, menor demanda de insumos locales y un freno en la posibilidad de atraer nuevos inversores.

En todos estos territorios, la IED productiva tiene un efecto multiplicador que va más allá de la cifra del Banco Central: atraviesa empleo, encadenamientos productivos y confianza para inversiones futuras.

El dilema del RIGI y los anuncios para el 2026

Durante 2025 el Gobierno presentó al Régimen de Inversiones de Grandes Proyectos (RIGI) como la llave para atraer capitales extranjeros a largo plazo con beneficios fiscales y cambiarios. El punto en debate es que anuncios no siempre se traducen en dólares que efectivamente ingresan hoy. Muchos de esos proyectos tardan años en materializarse, si es que terminan concretándose.

Ese desfase entre anuncios y dinero real queda en evidencia en el balance de este año: entraron dólares financieros y salieron capitales productivos, mientras la Argentina sigue sin lograr revertir ese flujo a favor de la inversión que genera empleo y producción.

2025 en perspectiva

En años recientes, la IED tenía saldos acumulados positivos: entre 2016 y 2019 fue en promedio US$ 3.235 millones, y entre 2020 y 2023 US$ 953 millones, según la consultora PxQ. Este 2025 marca, entonces, un quiebre estadístico y simbólico.

Cierra el año no con un boom de capitales productivos, sino con un signo negativo que enfrenta al Gobierno con una pregunta sencilla pero crucial: ¿quién viene a invertir si los que estaban se van o venden sus activos? El desafío para 2026 será convertir anuncios en flujos reales. En el Litoral y en el Chaco no esperan discursos: esperan inversiones que realmente se queden.