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marzo 5, 2026

Quiero reparar el agujero que hice con otro agujero mayor

Un ministro con la idea fija
¿Jesucristo podría haber pagado la deuda tomada por Caputo?

En los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei, Luis “Toto” Caputo volvió a ocupar el mismo rol y a desplegar la misma obsesión: endeudar a la Argentina. Entre ambas gestiones, el ministro acumuló compromisos por unos 137.000 millones de dólares. La cifra es tan descomunal que habilita un ejercicio de imaginación tan irónico como revelador: si Jesucristo no hubiera sido asesinado y hubiese vivido y trabajado en la Argentina hasta hoy, ¿le habría alcanzado para pagar la deuda que contrajo Caputo?

La presión del Fondo Monetario Internacional para modificar el esquema de bandas cambiarias terminó imponiéndose a la voluntad política del Gobierno. Donde manda capitán, no manda marinero. En medio de un escenario de escasez de dólares y exigencias del FMI para acumular reservas, al Ejecutivo lo espera un arranque de año complejo: en enero deberá afrontar vencimientos por más de 4.300 millones de dólares.

Con ese horizonte, Caputo volvió a recurrir a su recurso favorito. A fines de la semana pasada, tras ocho años sin hacerlo, llevó nuevamente al país al mercado de deuda en moneda extranjera y colocó el Bonar 2029 por 1.000 millones de dólares. La escena se repite: faltan dólares, se acumulan vencimientos y la respuesta es siempre la misma, pedir prestado.

Enero está a la vuelta de la esquina y la plata para pagar no aparece. No hay bandas cambiarias, ni ajustes técnicos, ni discursos épicos que logren frenar la compulsión del ministro por endeudarse. Nunca, en toda su carrera como funcionario público, se le ocurrió una estrategia distinta. Pedir, aguantar y volver a pedir. El endeudamiento no es una herramienta: es su ADN.

Hay algo entre patético y asombroso en la justificación habitual de Caputo. Cada nuevo crédito se explica con la muletilla de la “herencia recibida”, sin aclarar que una parte sustancial de la deuda que hoy pesa sobre el país fue tomada por él mismo. La naturalidad con la que lo dice es digna de un premio a la actuación: ni un músculo se le mueve.

El “Messi de las finanzas”, como lo bautizó Marcos Peña, construye una bola de nieve cada vez más grande, cuyas consecuencias serán inevitables, más temprano que tarde. No es un detalle menor que el propio ministro mantenga su dinero fuera del país que administra: una señal elocuente de su confianza real en el rumbo económico que diseña.

El raid endeudador no comenzó con Milei. Durante el macrismo, Caputo ya había pasado la gorra por todos los mostradores disponibles. En los últimos dos años de Macri y en los dos que lleva Milei en la Casa Rosada, el ministro sumó 137.000 millones de dólares de deuda: 60.000 millones bajo Macri y 77.800 millones con Milei.

Algunas de esas decisiones sorprendieron incluso al mundo financiero. En 2017, Caputo emitió deuda a 100 años por 2.750 millones de dólares, con una tasa del 7,9%. El Financial Times llegó a preguntar a sus lectores cuál había sido la mayor locura económica global. Más de 12.000 personas votaron y la Argentina ganó por goleada: el bono a 100 años obtuvo el 70% de los votos, muy por encima de otras opciones. Cuando se trata de endeudarse, a Caputo no le gana nadie.

La comparación con la serie alemana “El dinero de otros”, que retrata el escándalo financiero Cum-Ex, sirve para dimensionar la magnitud. En ese fraude, una red de bancos y abogados vació a Dinamarca por unos 146.000 millones de euros entre 2008 y 2015. En la ficción, un investigador exclama que ni Jesucristo, aun si no lo hubieran matado, habría podido pagar semejante suma.

Sin banalizar cuestiones religiosas, la reflexión ayuda a poner en escala la deuda argentina. Supongamos que Jesús hubiera vivido en estas pampas, trabajado como carpintero y cobrado un salario medio de 700.000 pesos mensuales. Sin gastar un peso en comida, vivienda, impuestos o servicios, habría ahorrado 8.400.000 pesos por año. Al tipo de cambio de 1.465 pesos por dólar, eso equivale a unos 5.733 dólares anuales.

En los 2.025 años de la era cristiana, Jesucristo habría acumulado 11.609.325 dólares. Ese esfuerzo titánico apenas alcanzaría para cubrir el 8,47% de la deuda que Caputo tomó en apenas cuatro años.

El refrán dice que Dios es argentino. Pero ni siquiera eso parece suficiente frente a un ministro al que no se le ocurre otra cosa que seguir pidiendo plata prestada, aun cuando la cuenta ya resulta, lisa y llanamente, impagable.