Este domingo 14 de diciembre de 2025, Chile vuelve a las urnas para elegir presidente en segunda vuelta entre Jeannette Jara (izquierda, coalición oficialista) y José Antonio Kast (ultraderecha, Partido Republicano), en una elección que cerrará el ciclo de Gabriel Boric, cuyo mandato termina el 11 de marzo de 2026.
Qué se vota y qué cambia en la segunda vuelta
La segunda votación presidencial se realiza cuando ninguna candidatura logra mayoría absoluta en primera vuelta, y deja la decisión en un mano a mano entre las dos más votadas. El Servel (Servicio Electoral de Chile) detalla que en esta etapa se vota exclusivamente por una de esas dos candidaturas y que el cómputo considera solo los votos válidamente emitidos (los nulos y blancos no cuentan).
En la elección general del 16 de noviembre (presidencial y parlamentaria), el Servel recordó además que votar es obligatorio.
Las claves de la campaña: seguridad, migración y economía
La campaña llegó a esta segunda vuelta con un menú clásico del 2025: seguridad, migración irregular y economía. Un clima marcado por el aumento de la preocupación por el crimen organizado y la presión política por endurecer controles, con Kast capitalizando el eje “orden” y Jara intentando no quedar reducida al rótulo partidario, sumando también propuestas de seguridad.
En la primera vuelta, Jara quedó arriba y Kast segundo (con diferencias acotadas), lo que explica por qué el balotaje se volvió una pelea por el votante “tercero” y por quienes se movilizan ahora con el voto obligatorio.
Para Chile, el resultado marca el rumbo interno: Si gana Kast, es esperable un giro más duro en seguridad y migración, con un enfoque más “orden primero” y una agenda económica más pro-mercado, aunque su margen real dependerá de los acuerdos que logre en el Congreso.; si gana Jara, es probable más continuidad con el oficialismo saliente, pero condicionada por el humor social y el Congreso.
Qué mirar desde Argentina
El resultado en Chile moverá el tono de la relación bilateral con Argentina y algunas decisiones prácticas (comercio, logística, coordinación regional), que terminan impactando en precios, turismo y flujos de transporte, incluso desde el interior. Si gana Kast, es probable un vínculo político más alineado con el gobierno de Milei, con señales de agenda más dura en seguridad y migración, y una relación diplomática más cálida en lo ideológico (aunque el Congreso chileno puede frenarle reformas). En estos días, incluso hubo señales políticas explícitas desde Buenos Aires: Javier Milei celebró la primera vuelta y expresó afinidad con Kast, planteando la idea de un gobierno “afín” del otro lado de la cordillera.
Si gana Jara, el tono con Buenos Aires probablemente sea más frío en lo político por distancia ideológica, con una Chile más enfocada en agenda social y un estilo más institucional/multilateral, pero con la misma obligación de mantener una relación pragmática en lo concreto: comercio, inversiones, energía y coordinación regional, porque esas cosas no se pagan con slogans.

