La Argentina volvió a emitir deuda en dólares después de ocho años y el Gobierno lo presentó como una señal de “confianza” de los mercados. El Ministerio de Economía colocó el BONAR 2029N por USD 1.000 millones a una tasa del 9,26% anual, una cifra que en la comunicación oficial aparece como “100 puntos básicos mejor que otros bonos”, pero que sigue ubicando al país entre los más caros del mundo para financiarse. En Economía celebraron que “más del 60% de las ofertas” se adjudicaron, aunque omitieron que la mayor parte del interés provino de perfiles especulativos y no de fondos de largo plazo.
El bono, íntegramente en dólares y bajo legislación local, paga un cupón del 6,5% y amortiza todo al vencimiento, lo que permite mostrar un “esfuerzo fiscal cero” en los próximos años. Según Finanzas, se recibieron ofertas por encima de los USD 1.400 millones, cifra que se comunicó como “un 40% más de lo buscado”, aunque en la práctica esa relación responde a una base muy baja y a la tasa elevada que terminó aceptando el Tesoro, un 9,5% y los costos para la gestión que viene.
El Gobierno defendió la emisión asegurando que el rendimiento supone apenas “un diferencial de 550 puntos básicos” respecto a los bonos del Tesoro de Estados Unidos, que en los papeles es correcto pero en términos de riesgo real deja claro que la Argentina sigue muy lejos de cualquier financiamiento normal. Caputo enfatizó que esta operación permitiría “evitar el uso de reservas” y afrontar la amortización de Bonares 2029 y 2030 en enero, aunque lo recaudado cubre solo una parte de los vencimientos totales previstos para comienzos de año, que rondan los USD 4.200 millones.
El discurso oficial intenta instalar la idea de un regreso a los mercados, pero al estar emitido bajo ley argentina no implica un retorno real al financiamiento internacional. Es, en los hechos, un canje disfrazado que permite estirar plazos a costa de pagar un interés altísimo. Caputo lo mostró como un avance hacia un riesgo país “por debajo de 500 puntos”, pero el dato se repite desde hace meses sin que exista un descenso consistente que acompañe la narrativa.
En Hacienda repiten que la combinación de superávit fiscal, “control estricto de la cantidad de dinero” y recapitalización del Banco Central habilitó la recuperación de la confianza. También destacan que el BCRA compró “más divisas que cualquier administración en igual cantidad de días”, aunque no mencionan que buena parte de esas compras se evaporó en pagos de deuda debido a la falta de acceso a refinanciamiento. Es decir: el Banco Central acumula menos reservas de las que debería y la emisión del BONAR 2029N busca apenas ganar algo de aire.
El retorno parcial al endeudamiento externo aparece entonces como un parche presentado como giro estratégico. Con una tasa cercana al 10%, el costo financiero contradice la narrativa oficial de “baja del riesgo país” y deja en evidencia que, más que un logro, se trata de una admisión silenciosa: sin acceso a crédito genuino, el Tesoro vuelve a tomar dólares caros para tapar vencimientos inmediatos.
El mercado cambiario acusó el impacto con una baja de 4,50 pesos en el dólar mayorista, que cerró a $1.437,50. Economía difundió que en diciembre el oficial retrocedió “1%”, un porcentaje técnicamente correcto pero irrelevante en un contexto de volatilidad y topes de flotación que se mueven con discrecionalidad. El precio quedó 78,50 pesos por debajo del límite diario fijado por el BCRA, que se presentó como “una brecha de 5,5%”, aunque la cifra sirve más para decorar que para explicar la fragilidad del esquema cambiario administrado.
En síntesis, la colocación permitió al Gobierno exhibir un titular positivo, aunque debajo de la superficie quedan los mismos problemas estructurales: financiamiento caro, reservas justas y un riesgo país que no baja al ritmo que el relato pretende.
Fuente: Infobae

