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marzo 5, 2026

Cerrar el INTI y el SAC es golpear de lleno la soberanía tecnológica argentina

Por Oscar Meza

En estos días, y más específicamente entre ayer y anteayer, se hizo pública una decisión del Gobierno Nacional de Javier Milei y compañía que, sinceramente, lastima profundamente el sentimiento patriota de quienes, de algún modo, venimos luchando por salvaguardar todo lo que tenga que ver con el ejercicio de la soberanía tecnológica de nuestra patria.

Me refiero al cierre del SAC, el Sistema Argentino de Calibración y Metrología, que forma parte del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, el histórico INTI. No estamos hablando de un organismo cualquiera: estamos hablando del corazón del sistema nacional de metrología, medición y calibración de aparatos, productos y tecnologías que sostienen el desarrollo industrial argentino.

INTI, un prócer de la patria industrial

Para decirlo en buen romance, para muchísimos argentinos y argentinas el INTI es casi como un prócer de la patria. Quienes tuvimos algo que ver con la industria, con las PYMES, con la educación técnica, sabemos de qué estamos hablando.

En mi caso, durante unos 20 años me desempeñé como asesor pedagógico de una de las escuelas técnicas más reconocidas de Barranqueras, la EET N.º 33 del barrio Las Malvinas. Por sus aulas pasaron miles de alumnos y cientos de docentes, con excelente formación en las ramas de la informática y la electrónica.

Cualquier profesor de una escuela técnica, de una escuela de formación profesional, tiene un respeto profundo por lo que significa el INTI. Porque el INTI siempre estuvo ligado a la idea de calidad en la producción industrial: pequeña, mediana y grande. Fue y es referencia en el desarrollo tecnológico argentino, en la mejora de procesos, en la formación de técnicos que garantizan que lo que se fabrica en este país cumpla estándares nacionales e internacionales.

Ver que, de un plumazo, se pretende empezar a golpear a una institución como el INTI y disolver el SAC es, sinceramente, una decisión antinacional. No solo por el daño simbólico, sino también por lo más concreto y doloroso: se dejan alrededor de 700 u 800 trabajadores y trabajadoras en la calle. Si calculamos familias de cuatro o cinco integrantes, estamos hablando de unas 3.000 a 4.000 personas directamente afectadas.

Y todo esto a tres semanas de las fiestas de fin de año. No hay manera elegante de decirlo: es un hecho inhumano, deleznable y profundamente lamentable.

Del Estado a los privados: quién controla la calidad

El argumento oficial es que el SAC se disuelve porque habría “superposición de funciones” con otras instituciones. Y que todo eso lo absorbería el OA, el Organismo Argentino de Acreditación.

Eso, dicho con todas las letras, es falso. El OA es un organismo del campo privado, dedicado a la acreditación y certificación al servicio de la economía privada. En cambio, el INTI y el SAC eran la instancia de control y certificación de calidad en manos del Estado. Es decir, el control público sobre la calidad de la maquinaria, de los procesos y de los productos que sostienen la industria nacional.

Cuando se reemplaza un sistema estatal de control de calidad por una estructura privada, lo que se está haciendo es debilitar la capacidad del Estado de defender el interés general y la soberanía tecnológica. No es un detalle técnico. Es una decisión política de fondo.

El INTI ha sido reconocido, en muchas ocasiones, a nivel nacional e internacional como uno de los institutos que prestan servicios de excelente calidad para la producción industrial. Dejar 700 u 800 de los mejores técnicos y técnicas del país afuera del sistema, sacándolos del INTI, no solo es una injusticia laboral: es un retroceso estratégico para el desarrollo tecnológico argentino.

Un golpe directo a la soberanía tecnológica

Rodolfo Aguiar, secretario general de ATE, lo planteó con mucha claridad: desde diciembre de 2023 hasta hoy se han quedado afuera del Estado más de 60.000 trabajadores y trabajadoras. Eso equivale aproximadamente al 18 % de la planta permanente nacional que existía cuando empezó la gestión de Milei y compañía.

Si uno hace una cuenta rápida, estamos hablando de un promedio de 85 o 90 empleados por día que quedan en la calle. En el caso del INTI y del SAC, ese número se carga sobre una institución que es clave para el desarrollo autónomo, independiente y soberano de nuestra patria.

El SAC, el Sistema Argentino de Calibración, garantiza la calidad de las máquinas que producen tecnología industrial y de los productos que elaboran esas máquinas. Que esa función se vea erosionada, deteriorada, degradada, implica lastimar directamente los andariveles productivos que hacen posible una industria nacional fuerte.

Por eso digo, sin medias tintas: lo que está haciendo hoy el Gobierno Nacional con medidas de este tipo es un golpe directo a la soberanía nacional y, más específicamente, a la soberanía tecnológica. Y cuando se vulnera la soberanía tecnológica, se debilitan también la capacidad productiva, el empleo de calidad y las posibilidades de desarrollo independiente del país.

Construir conciencia y defender lo que es de todos

Quiero ser coherente con lo que sostengo desde siempre: todo lo que tenga que ver con construir soberanía tecnológica, en el campo de la tecnología industrial y de la industria en general, merece ser defendido con convicción.

Cerrar el SAC y golpear al INTI no es un hecho aislado. Es parte de un camino lamentable que pretende desarmar, pedazo a pedazo, la estructura del Estado nacional que trabajaba con calidad y eficiencia en áreas estratégicas. El mensaje que se envía es claro: menos Estado, menos control, menos soberanía y más espacio para intereses privados.

Frente a eso, nuestra responsabilidad es sembrar conciencia. Explicar, discutir, debatir en los medios de comunicación lo que estas decisiones significan en los hechos concretos: familias en la calle, pérdida de capacidades técnicas, retroceso industrial y renuncia a decidir, como país, sobre nuestro propio destino tecnológico.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial es, en los hechos, un proceso de patria. Y por eso debemos defenderlo y reivindicarlo con firmeza.

Comparto estas reflexiones con la esperanza de que, en un tiempo no muy lejano, medidas de este tipo puedan ser revertidas con solidez y con una mirada estratégica del país que queremos.