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marzo 5, 2026

Irresponsabilidad cívica de la diputada Marilú Quiroz al transmitir información falsa sobre las vacunas en el Congreso

En plena caída de las coberturas de vacunación en Argentina, la diputada nacional por Chaco Marilú Quiroz (PRO) convirtió un espacio del Congreso en escenario de un show antivacunas que terminó en papelón. No fue solo una actividad “polémica”: fue un acto de irresponsabilidad cívica, avalando información falsa sobre las vacunas desde una institución que debería sostener políticas públicas basadas en evidencia científica.

Un “ateneo científico” que fue tribuna antivacunas

El 27 de noviembre se realizó en el Anexo A de la Cámara de Diputados la jornada titulada “¿Qué contienen realmente las vacunas del COVID-19?”, organizada por Quiroz y presentada como un “ateneo científico” para debatir efectos adversos. En los hechos, fue una tribuna antivacunas: se habló de supuestos vínculos entre vacunas de calendario y autismo, se mostraron “sangres de vacunados al microscopio” y se sembraron dudas sobre el calendario nacional de inmunizaciones. Entre los expositores hubo referentes de grupos negacionistas como “Médicos por la Verdad” y la biotecnóloga Lorena Diblasi, autora de informes ya cuestionados por la comunidad científica.

El momento más grotesco fue la aparición del llamado “hombre imantado”: un invitado que se sacó la remera y trató de pegarse un imán al pecho para atribuir esa supuesta “magnetización” a dos dosis de la vacuna de AstraZeneca. El truco falló varias veces ante el público y solo funcionó de forma momentánea, mientras la oradora insistía en que no se trataba de “grasa en la piel”.

El hombre imán en la Cámara de Diputados. Captura Diputados TV.
Un truco viejo para justificar un relato nuevo

El show se desmorona con un dato simple: el mismo personaje ya había aparecido en televisión en 2014, en un programa de Mariana Fabbiani, presentándose por un supuesto récord Guinness por poder pegarse objetos al cuerpo. Es decir, seis años antes de que apareciera el COVID-19 en Argentina ya hacía exactamente el mismo “número”, sin vacunas de por medio.

La explicación real no tiene nada de misterio ni de conspiración. Como explicó el sitio Chequeado, lo que se ve es un fenómeno físico conocido: la combinación de la tensión superficial y las grasas naturales de la piel permite que, por momentos, ciertos objetos se adhieran al cuerpo. Un poco de talco basta para arruinar el truco. No hay “magnetización”, ni metales ocultos en las vacunas. La OMS y los CDC ya confirmaron que las vacunas contra el COVID-19 no contienen componentes magnéticos ni metales pesados capaces de atraer imanes.

El PRO se despega, la ciencia desmiente

La reacción política fue inmediata. Legisladores de distintos bloques y sociedades científicas advirtieron sobre el riesgo de validar discursos anticientíficos desde el Congreso, en un contexto donde la caída de las coberturas vacunales ya provocó el regreso de enfermedades como el sarampión y la tos convulsa.

Incluso el PRO, el propio partido de Quiroz, salió a despegarse del evento. En un comunicado público, el espacio afirmó que “cree en la ciencia, en la prevención y en las políticas públicas basadas en evidencia” y recordó su “compromiso histórico con las campañas de vacunación”, al tiempo que definió al movimiento antivacunas como “un riesgo epidemiológico, no un debate intelectual”. Otra declaración del partido subrayó que vacunarse “no es una opinión, es una responsabilidad individual y colectiva”.

La secuencia es clara: una diputada usa el Congreso para amplificar teorías falsas sobre las vacunas; un “hombre imantado” recicla un truco televisivo anterior a la pandemia para culpar a las dosis de COVID-19; la ciencia desmiente punto por punto; y el propio partido de la legisladora intenta despegarse del bochorno.

En un país que ya está pagando con brotes y muertes las consecuencias de la caída en la vacunación, habilitar este tipo de espectáculos desde una banca nacional no es libertad de expresión ni “debate”: es irresponsabilidad cívica con impacto directo en la salud pública.