La inflación de noviembre volverá a ubicarse por encima del 2%, según las proyecciones privadas, en un escenario donde el Gobierno insiste en exhibir la desaceleración del IPC como su principal capital político, aun cuando los precios de los consumos básicos siguen ajustándose lejos del bolsillo de la mayoría. Las consultoras advierten que alimentos, transporte y tarifas volvieron a meter presión en el índice, y anticipan que el INDEC publicará un dato que, otra vez, se ubica por encima de lo que el oficialismo busca instalar como tendencia consolidada.
El arranque del mes estuvo marcado por un ajuste del 3,8% promedio en las boletas de luz y gas, el incremento más alto desde que rige el nuevo esquema de revisión tarifaria integral. A esto se sumó una nueva suba en los boletos de colectivos del AMBA, que rondó el 10% y se acumuló a los aumentos mensuales ya aplicados en líneas de Ciudad y provincia. Mientras el Gobierno sostiene su ancla antiinflacionaria sobre salarios y tipo de cambio, los precios regulados avanzan por carriles propios y castigan el ingreso disponible.
Las estimaciones de EcoGo ubican la inflación de noviembre en torno al 2,6%. Para la consultora, la combinación de tarifas, productos frescos y la actualización del transporte empuja el número hacia arriba, en un contexto en el que el discurso oficial choca con la percepción social: se habla de inflación en baja, pero los aumentos concretos siguen apareciendo semana tras semana. Carne, cerdo y pescado se encarecieron entre 0,9% y 1,7%, mientras frutas y verduras registraron un 1,7%, con subas más fuertes en cítricos y verduras frescas.
Las bebidas también se movieron por encima del promedio, con un incremento del 1,4%, destacándose las gaseosas y el agua envasada. En lo que va del año, esta categoría ya acumula un aumento del 35,2%, una cifra incompatible con cualquier expectativa oficial de estabilidad.
Analytica proyectó un IPC de 2,4% para el mes, pero advirtió que el promedio móvil de cuatro semanas trepa a 2,8%, impulsado por un salto extraordinario en frutas y verduras. Para la consultora, los aumentos están lejos de cualquier fantasía de inflación contenida y muestran que la presión sobre los alimentos continúa incluso en meses donde el Gobierno intenta instalar un clima de calma económica.
LCG, en la misma línea, midió una inflación semanal del 1,5% en alimentos y bebidas. La variación promedio de las últimas cuatro semanas se aceleró a 3,3% y la medición entre puntas asciende a 3,8%. El dato más relevante para la consultora es que las carnes explicaron por sí solas un tercio del incremento general, seguidas por subas en lácteos y bebidas. Otra vez, los sectores de consumo masivo —los que el Gobierno pide que “aguanten” para sostener su política antiinflacionaria— son los más castigados.
En este contexto, el IPC de noviembre amenaza con exhibir un fenómeno cada vez más evidente: la inflación baja, pero los precios que importan para la vida cotidiana siguen subiendo. El resultado es un deterioro persistente del ingreso real que recorta consumo, profundiza la desigualdad y expone el límite político de una estrategia basada casi exclusivamente en la desaceleración nominal del índice, mientras la economía real se ajusta en los hechos.
Fuente:Iprofesional

