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abril 20, 2026

Ultimatum para la paz entre Ucrania y Rusia

Para llegar al fin de la guerra lo antes posible, Donald Trump y Vladimir Putin lanzaron ultimátums simultáneos a Ucrania, empujando al presidente Volodímir Zelenski a una encrucijada que él mismo describió como una elección forzada entre perder la dignidad o renunciar a un aliado clave.

La maniobra conjunta, aunque presentada por ambos gobiernos como un intento urgente de frenar una guerra que se prolonga desde febrero de 2022, evidencia más bien una presión coordinada sobre Kiev. Trump fijó como fecha límite el jueves 27 de noviembre para que Ucrania acepte el plan elaborado por la Casa Blanca, advirtiendo que el apoyo estadounidense podría agotarse si no hay una respuesta favorable. Según la filtración publicada por The Washington Post, el ultimátum coincide con el Día de Acción de Gracias, una forma simbólica de marcar el paso del tiempo y, a la vez, de incrementar la presión sobre Zelenski.

Trump insistió en que Ucrania ya está cediendo territorio de hecho y que prolongar la guerra es una masacre fuera de control. Minimiza además la posibilidad de que Putin avance sobre otros países europeos, sosteniendo que el líder ruso “ha aprendido la lección” tras cuatro años de conflicto. Sin embargo, el propio plan de paz estadounidense plantea condiciones que implican concesiones profundas: la reducción del Ejército ucraniano a un máximo de 600.000 soldados y la entrega formal de zonas que Moscú ni siquiera ha logrado controlar militarmente.

En paralelo, el Kremlin hizo su propia advertencia. Dmitri Peskov calificó de inútil y peligrosa cualquier continuidad en la guerra y reclamó a Kiev que negocie de inmediato. Putin afirmó que el documento estadounidense puede servir de base para un acuerdo definitivo y dejó entrever que tanto Washington como Moscú llevan tiempo discutiendo una versión previa del mismo plan. Según su relato, la iniciativa ya circulaba antes de su cumbre de agosto en Alaska, y Rusia incluso habría aceptado mostrar la “flexibilidad” solicitada por Estados Unidos. La negativa de Zelenski a ese primer borrador, asegura Putin, habría motivado la publicación de los 28 puntos ahora en discusión.

El líder ruso destaca recientes avances militares, incluida la toma de Kúpiansk, como prueba de que Ucrania está perdiendo margen para decidir. La insinuación es evidente: cuanto más demore Kiev en aceptar la propuesta, peores serán las condiciones.

Zelenski respondió con un mensaje a la nación en el Día de la Dignidad, jornada que conmemora el inicio de las protestas de 2013 y 2014 contra el último gobierno prorruso. En un discurso cargado de simbolismo, admitió que el país enfrenta uno de los momentos más difíciles desde el inicio de la invasión y que la presión externa es máxima. Señaló que no aceptará un acuerdo que pisotee la dignidad nacional, pero reconoció que también corre el riesgo real de perder el sostén de su principal aliado.

El mandatario prometió trabajar contrarreloj para presentar alternativas que permitan avanzar hacia la paz sin capitulaciones y sostuvo que Ucrania no dará argumentos para ser acusada de bloquear la diplomacia. En medio de esta crisis geopolítica, enfrenta además un frente interno complejo, marcado por la revelación de una presunta trama de corrupción que involucra a funcionarios cercanos y que ha debilitado su posición doméstica en el peor momento posible.

Mientras tanto, las fuerzas rusas continúan avanzando en los frentes de Zaporiyia, Donetsk y Járkov, con las ciudades de Pokrovsk y Kúpiansk nuevamente bajo amenaza. La combinación de presión militar, ultimátums diplomáticos y fragilidad política interna coloca a Ucrania ante una situación límite, en la que el margen de maniobra se estrecha día a día y donde las decisiones que se tomen en las próximas semanas podrían definir no solo el desenlace de la guerra, sino el futuro del país.