Resistencia Cargando temperatura...
marzo 5, 2026

Quién era Oscar Cristóbal Acevedo, el joven muerto en el choque que involucra al hermano de Zdero

El nombre de Oscar Cristóbal Acevedo apareció recién un día después del choque fatal en el acceso Juan D. Perón de Quitilipi. Tenía 33 años y murió en la madrugada del sábado, cuando fue embestido por una camioneta Ford Ranger conducida por Horacio Zdero, hermano del gobernador chaqueño Leandro Zdero.

Mientras los partes oficiales hablaban de “un peatón no identificado de unos 40 años” y evitaban precisar quién había perdido la vida, en redes sociales familiares y vecinos empezaron a nombrarlo: “Lo mataron como a un perro, y se llamaba Oscar Cristóbal Acevedo”, escribieron en distintas publicaciones que se viralizaron en pocas horas.

Foto redes sociales Roberto Espinoza.
Un choque en la madrugada de Quitilipi

El siniestro ocurrió cerca de las 5 de la mañana del sábado 15 de noviembre, en el acceso Juan D. Perón a Quitilipi. Horacio Zdero, de 57 años, manejaba una Ford Ranger blanca cuando embistió a un hombre que caminaba por la cinta asfáltica en un tramo sin veredas. El impacto fue tan violento que la víctima murió en el lugar por un traumatismo encefalocraneano grave y letal.

Al lugar llegaron médicos de emergencias, personal de la División Tránsito y Patrulla Vial y peritos de Criminalística. El test de alcoholemia practicado al conductor arrojó 0,00 g/l y la Fiscalía Nº 3 lo imputó por “homicidio culposo en accidente de tránsito” o “supuesto accidente de tránsito fatal”, según la terminología del parte policial.

Ese resultado de alcoholemia “cero” quedó rápidamente bajo sospecha en Quitilipi. Vecinos y asistentes a una bailanta cercana al acceso Juan D. Perón afirmaron en redes sociales que Horacio Zdero había estado en el lugar esa madrugada y que lo vieron consumiendo alcohol, lo que abrió interrogantes sobre el horario en que se practicó el control, si se respetó el protocolo habitual para siniestros viales con víctima fatal y si se preservaron correctamente las pruebas, incluidas eventuales imágenes de cámaras de seguridad que aún no se hicieron públicas.

Las pistas sobre la identidad: del “NN” a Oscar Cristóbal Acevedo

Durante varias horas, la víctima fue sólo un dato estadístico. Los informes oficiales hablaron de un hombre sin identificar y la policía incluso difundió imágenes de los tatuajes que llevaba en ambos brazos para pedir colaboración a la comunidad.

En paralelo, en Quitilipi empezó a circular otro dato: versiones recogidas en el lugar señalaban que se trataba de un ladrillero de apellido Acevedo, conocido como “Pinta”, que solía desplazarse caminando por esa zona.

Con el correr del día siguiente, publicaciones de periodistas y comunicadores de la provincia ya identificaban a la víctima como Oscar Cristóbal Acevedo, de 33 años, y denunciaban que se intentaba “tapar todo”. Esas mismas publicaciones fijaron el nombre completo que los partes oficiales seguían omitiendo.

Hasta el momento, la Justicia no difundió una comunicación formal que confirme públicamente la identidad de la víctima, pero la coincidencia entre las versiones locales, los datos de la investigación y los testimonios de allegados permiten reconstruir que el hombre atropellado era ese joven trabajador al que todos conocían por su apodo y casi nadie por su nombre completo.

Una muerte sin nombre en los partes y un reclamo que crece

El contraste es brutal: el hermano del gobernador fue identificado desde el inicio, con iniciales, edad y antecedentes, mientras que el fallecido tardó más de un día en ser nombrado y todavía no aparece con claridad en los comunicados oficiales. En Quitilipi, muchos leen ese desbalance como un síntoma de algo más profundo: la sensación de que la vida de un trabajador humilde vale menos que el silencio que protege a un apellido conocido.

Vecinos y usuarios de redes reclaman que se reconozca públicamente a Oscar Cristóbal Acevedo, que se escuche a su entorno y que la investigación avance sin privilegios, sin apuro por cerrar la causa y sin maniobras para relativizar su muerte. En un contexto ya marcado por la desconfianza hacia el poder político y judicial, otra muerte anónima sobre el asfalto es lo último que la provincia necesitaba.

Detrás de la cifra, detrás del “peatón NN”, había un joven de 33 años al que en su barrio conocían como Pinta. Poner ese dato sobre la mesa, y dejar asentado su nombre, es el primer paso para que su muerte no se pierda en la estadística de los siniestros viales ni en el cómodo olvido de los partes policiales.