Por Oscar Meza
Cada 17 de noviembre para muchos de nosotros no es una fecha más en el calendario. Es un día que se vive con lealtad, con emoción, con esa mezcla de convicción y esperanza que hace que uno no se quede sólo en la simpatía, sino que se anime a decir: milito. Milito por una causa que tiene que ver con el bienestar del pueblo y con la liberación de la patria.
Para mí, este día siempre es una oportunidad para recordar la historia de lucha del Movimiento Nacional Justicialista, y también para hacer memoria desde mi propia historia, desde el joven que fui en aquellos años.
Córdoba, 1972: una ciudad que ardía de juventud y militancia
En 1972 yo estaba a punto de cumplir 20 años. Estudiaba en la Universidad Nacional de Córdoba y acababa de tomar una decisión muy importante en mi vida: dejar atrás dos años de Ingeniería Electrónica, porque no me sentía del todo identificado, y empezar a transitar el camino de las ciencias sociales, de las ciencias humanísticas. Estaba iniciando la carrera de Psicología, carrera y militancia universitaria que me llevó por recorridos que, quien más quien menos, ya conoce.
Hacía dos o tres años que me había ido a Córdoba, una ciudad universitaria que ardía. Ardía de juventud, de entusiasmo, de militancia, de convicciones. Era casi imposible mantenerse al margen de todo eso. En esos años yo empezaba a simpatizar con las causas políticas, con los movimientos patrióticos, empezaba a conocer de cerca el mundo de la militancia. Y me alegra que cada 17 de noviembre, al recordar aquel 17 de noviembre de 1972, también pueda volver a mirar ese muchacho que fui, metido en ese clima de efervescencia y compromiso.
Aquel día marcó el regreso del general Perón a la República Argentina, después de 18 años de proscripción. Por eso se recuerda el 17 de noviembre como el Día de la Militancia Peronista. No fue todavía el regreso definitivo. Perón vino, estuvo poco tiempo, unos días, casi un mes si mal no recuerdo. Pero fue una visita histórica, decisiva, que ayudó en gran medida a que en 1973 la dictadura dejara el poder y se volvieran a conceder elecciones luego de siete años de un proceso dictatorial iniciado en 1966.
Perón volvía a la patria como un líder muy recordado, muy querido por su pueblo y respetado por buena parte de la ciudadanía argentina. No por casualidad, en aquel viaje su casa de Gaspar Campos se transformó en un centro de acuerdos políticos, de compromisos, que terminaron siendo el puente hacia las elecciones del 11 de marzo de 1973 y el regreso de la democracia como camino para los argentinos.
“Luche y vuelve”: la fuerza de un pueblo que no se resignó
Para quienes simpatizamos y nos sentimos parte de la causa del Movimiento Nacional Justicialista, y para todos aquellos que hoy se reconocen en un proyecto nacional, popular y democrático, ese regreso tiene una enorme importancia. En alguna medida, con la vuelta de Perón se concretaba aquella consigna de lucha “Luche y vuelve” que se veía en miles de grafitis, en miles de paredes de la República Argentina. La V de la victoria y la P de Perón enmarcaban muchos muros, muchas calles de nuestra patria.
Esas paredes expresaban la firme vocación no sólo del pueblo peronista, sino también de una ciudadanía comprometida con la democracia y con sus instituciones. Hacíamos fuerza para que volviera a regir la democracia, para que se respetara la soberanía popular, para que se conquistara nuevamente el derecho a elegir. Ante una dictadura que ya no tenía otra salida que reconocer su derrota y retirarse, el voto de la ciudadanía debía decidir quiénes iban a conducir los destinos de la patria.
Y así fue. Primero, en marzo del 73, asume Cámpora, hablando en nombre de la democracia y abriendo un proceso político que, pocos meses después, en septiembre del 73, vuelve a convocar a elecciones. Esta vez es el propio general Perón quien gana el derecho a dirigir por tercera vez los destinos del país. Y lo hace con el 62 % de los votos. Qué números. Esos números hablan de la vocación del pueblo argentino de volver a vivir en democracia, del cariño, el amor y el respeto por un dirigente que había demostrado compromiso con el pueblo y con la soberanía de la nación.
Por sus aciertos, por su compromiso, Perón consiguió el derecho de volver después de 18 años de proscripción y ser nuevamente electo en elecciones libres. El 17 de noviembre condensa esa larga historia de lucha, intensa, profunda, de buena parte del pueblo argentino, que empujó ese regreso para abrir el camino a la democracia.
La soberanía popular, entre la esperanza y los errores
El 17 de noviembre es un momento propicio para recordar la importancia de que la ciudadanía se exprese, participe, se involucre en la vida política y social del país. Es quizá una de las mejores formas de garantizar que los destinos de la patria transiten por buen camino.
Eso no significa que la soberanía popular siempre nos lleve a los mejores resultados. Hoy estamos viviendo un tiempo donde vemos que no siempre el ejercicio soberano del voto nos conduce por caminos deseables. Son muchos los factores que intervienen en un proceso electoral: los medios de comunicación, los intereses económicos concentrados, las campañas de odio, la manipulación de las esperanzas y de los miedos.
Aun así, en un día como hoy vale reafirmar una convicción: por encima de los errores que podamos cometer como comunidad, como ciudadanía, el mejor camino para elegir nuestro destino sigue siendo que el pueblo soberano se exprese, que el pueblo soberano elija y que pueda volcar su afecto, su respeto y su memoria hacia quienes han transitado un camino de compromiso por el bienestar del pueblo y por la soberanía de la nación.
El general Perón fue uno de esos dirigentes. Su historia así lo demuestra. Por eso merece un recuerdo respetuoso, un recuerdo profundo, de un pueblo que sabe que en noviembre de 1972 no sólo regresó un líder, sino que se abrió la puerta para que la democracia volviera a ser el horizonte posible.
Un caluroso abrazo para todos aquellos compañeros y compañeras que sienten un profundo respeto por la vida y la historia del general Perón, y para todos aquellos que, en el campo nacional, popular y democrático, desde siempre han sentido simpatía y respeto por este gran dirigente que tuvo nuestra patria y que tuvo América Latina.
Un abrazo a todos los que viven con emoción este día dentro de la comunidad de nuestro Chaco.

