Otra vez Javier Milei eligió el exterior para ensayar su papel de predicador del libre mercado. Esta vez fue en Miami, durante el America Business Forum, donde desplegó un discurso plagado de tecnicismos, frases hechas y una reiteración obsesiva de su dogma: “el capitalismo es el único sistema justo”. Como de costumbre, confundió teoría con propaganda y cerró filas en torno a la idea de que todo lo que no sea su credo económico es “colectivismo” o “servilismo”.
El presidente habló más de media hora ante un auditorio complaciente de empresarios y dirigentes políticos, acompañado por su entorno más cercano —Karina Milei, Luis Caputo y el nuevo canciller Pablo Quirno—, en una gira que busca reposicionar su imagen ante inversores y aliados ideológicos. Pero lejos de ofrecer un balance serio de gestión o un mensaje de confianza institucional, Milei volvió a usar la tribuna internacional como escenario personal de autopromoción.
Su defensa del “capitalismo como base de la civilización” sonó más a consigna que a argumento. Citó estadísticas sin contexto y generalizó sobre supuestos logros del libre mercado, ignorando deliberadamente los problemas de desigualdad y exclusión que esos mismos modelos profundizan. En su lógica, la intervención del Estado siempre es una amenaza y la justicia social, una trampa del populismo.
Fiel a su estilo performático, intercaló chistes deslucidos y comparaciones forzadas: elogió a Donald Trump —a quien definió como “amigo personal”—, mencionó a Lionel Messi para ensayar un guiño ideológico, y hasta dedicó un ataque gratuito al alcalde electo de Nueva York. Todo en el mismo tono de sarcasmo autorreferencial que ya se volvió marca de su discurso.
En el tramo final, presentó las legislativas recientes como una suerte de “plebiscito moral” entre libertad y servidumbre, y se autoproclamó líder de un Congreso “reformista” con “el tercio necesario para sostener vetos y decretos”. La frase, además de revelar su intención de gobernar por imposición, ratifica su desprecio por el equilibrio republicano que dice defender.
Entre la retórica economicista y la permanente búsqueda de aprobación extranjera, Milei parece más preocupado por alimentar su personaje global que por atender las urgencias de un país cada vez más empobrecido. Miami fue solo otra escala de una gira en la que el presidente vuelve a vender espejitos de colores con acento libertario.

