El cometa 3I/ATLAS se convirtió en el tercer cometa interestelar registrado por la humanidad, luego de 1I/ʻOumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019).
El 29 de octubre alcanzó su punto más cercano al Sol, a 1,35 unidades astronómicas (unos 202 millones de kilómetros), iniciando su tránsito por el perihelio, donde experimenta un aumento extremo de temperatura que provoca la sublimación de hielo y la formación de una cola de polvo y gas.
Un cometa interestelar que no volverá: trayectoria única y velocidad sin precedentes
Detectado el 1 de julio por el Telescopio ATLAS en Chile, 3I/ATLAS viaja a 60 km por segundo (210.000 km/h), la velocidad más alta jamás registrada para un objeto que atraviesa el Sistema Solar. Su paso es único e irrepetible, ya que no volverá a circular por nuestra órbita.
En comparación, la Tierra gira sobre su eje a solo 30 km por segundo, lo que resalta la magnitud de este fenómeno.
Observación desde el espacio: telescopios terrestres y sondas en acción
Aunque actualmente se encuentra detrás del Sol, lo que impide su localización desde la Tierra, las sondas espaciales continúan recolectando datos.
El Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA, dirigido por astrónomos de la Universidad de Auburn, logró detectar gas hidroxilo (OH), una huella química del agua, mediante luz ultravioleta tenue.
Esta señal permite estudiar su actividad como si fuera un cometa del propio Sistema Solar, abriendo nuevas posibilidades para la astrobiología y la química planetaria.
Composición y antigüedad: una cápsula del tiempo cósmica
Los análisis preliminares indican que 3I/ATLAS tendría 7 mil millones de años, el doble de la edad de la Tierra.
Su estructura de roca e hielo ofrece una oportunidad única para comparar su composición con la de otros cuerpos celestes conocidos, y entender mejor los procesos de formación estelar y la distribución del agua en el universo.
Cooperación internacional: ciencia sin fronteras
La investigación es liderada por la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), que activaron protocolos para poner a disposición todas sus herramientas de observación.
Esta colaboración permitió seguir su trayectoria, medir su actividad y documentar su paso por el perihelio, que finaliza el 31 de octubre, antes de continuar su viaje interestelar.
Próximo acercamiento: oportunidad para telescopios terrestres
En los primeros días de diciembre, 3I/ATLAS se acercará a la Tierra a una distancia de 270 millones de kilómetros. Aunque no será visible al ojo humano, los telescopios terrestres podrán obtener datos valiosos sobre su estructura y comportamiento.
El paso de 3I/ATLAS representa un hito astronómico que permite a la ciencia explorar los límites del Sistema Solar, estudiar materia interestelar y revisar teorías sobre el origen del agua y la vida.
Cada cometa que nos visita desde otras estrellas es una cápsula del tiempo, y su estudio nos acerca un poco más a comprender nuestro lugar en el cosmos.
Fuente: Noticias Ambientales.

