La inflación volvió a acelerar en septiembre y el rubro alimentos no da respiro: cae el consumo, sube la brecha del campo a la góndola y se profundiza la crisis de la agricultura familiar. Con importaciones abiertas y costos atados al dólar, las familias productoras venden por debajo de sus costos mientras se tiran cosechas.
Qué muestran los precios
El IPC de septiembre subió 2,1 por ciento mensual y quebró el techo de 2 por ciento por primera vez desde abril. Alimentos y bebidas no alcohólicas avanzó 1,9 por ciento en el mes. En lo que va de 2025, los alimentos acumulan 21,9 por ciento y en la comparación interanual trepan 27,3 por ciento. En el Mercado Central de Buenos Aires, el seguimiento del CEPA muestra el tercer mes consecutivo de aumentos: verduras, tubérculos y legumbres subieron 26 por ciento en septiembre contra agosto y acumulan 46,3 por ciento en 2025; las frutas avanzaron 4,8 por ciento mensual y 19,8 por ciento interanual.

Del campo a la góndola: dónde se queda la plata
La intermediación sostiene precios altos con ventas en baja y deja a productores por detrás de sus costos. Según el CEPA, en septiembre la brecha de precios entre el Mercado Central y los grandes supermercados fue del 92 por ciento para hortalizas, luego de haber tocado 159 por ciento en agosto. La CAME calculó en agosto un IPOD (Índice de Precios en Origen y Destino) de 4,1 veces: por cada 4,1 pesos que paga el consumidor, solo 1 llega al productor. La participación del productor en el precio final promedió 22,9 por ciento. El resultado se ve en los casos concretos: con la demanda planchada, se vuelca mercadería fresca. Hubo lotes enteros de zanahoria que se perdieron por falta de compradores; la lechuga cayó 29 por ciento en el origen, pero en góndola se vendió entre 2.032 y 3.699 pesos el kilo mientras a cinturones hortícolas se les pagó 1.500 pesos el cajón de doce kilos.

Importaciones, costos y consumo: un triángulo asfixiante
Productores y economistas coinciden en el nudo del problema. Los costos de alquilar tierra, mover camiones, comprar insumos y empaques suben al ritmo del dólar y los combustibles. Con el consumo desplomado, los precios al productor no acompañan y la apertura indiscriminada de importaciones agrega competencia desleal. El ejemplo del año fue el tomate: variación acumulada de 346 por ciento, ingreso de producto boliviano y productores locales con mercadería sin vender. En paralelo, la CAME marca derrumbe sostenido de ventas minoristas: en septiembre, alimentos cayó 1,8 por ciento mensual y 3,1 por ciento interanual. La Mesa Agroalimentaria resume el cuadro: menos acceso a alimentos frescos, caída histórica del consumo de carne vacuna y retracción de 30 a 40 por ciento en frutas y verduras durante 2024, con bajas adicionales en 2025.

Desplanificación y recortes: por qué se agrava
La eliminación de programas y fondos de fomento, el desguace del INTA y la parálisis del INAFCI (Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena) dejaron a la agricultura familiar sin respaldo. Otro síntoma de la falta de planificación: Argentina importó limones en invierno pese a ser potencia exportadora, y ese desajuste terminó encareciendo el precio interno 85 por ciento interanual en septiembre, aun con caída del precio a lo largo del año. El modelo actual concentra tierra y mercado, expulsa a los pequeños y deja el abastecimiento interno librado a vaivenes financieros.

Qué podría cambiar el rumbo
Productores y especialistas proponen tres ejes: planificar y fomentar producción local para garantizar oferta estable; acortar canales de comercialización con mercados de proximidad y concentradores que transparenten la cadena; y “descalzar” costos del dólar con un viraje tecnológico hacia biofábricas, semillas propias y agroecología. Las redes cooperativas muestran que se puede amortiguar el impacto cuando hay compras colectivas, logística compartida y acuerdos de precio justo entre productores y comercializadoras.
La supuesta “paz” de precios se sostiene con heladeras vacías y cosechas tiradas. Si el objetivo es que la comida vuelva a ser accesible y los pequeños productores sigan de pie, no alcanza con abrir importaciones ni con mirar el IPC del mes. Hace falta política pública, planificación y una cadena que deje de sangrar entre el campo y la góndola. Aquí y ahora.

Esta síntesis y análisis se elaboró con información de "El costo de la política de Milei: alimentos caros y productores en crisis", Nahuel Lag – Tierra Viva, 22/10/2025.

