La visita del presidente Javier Milei a Resistencia terminó marcada por la censura y la represión preventiva.
Un amplio operativo policial ordenado por el gobernador Leandro Zdero impidió que ciudadanos comunes se acercaran al acto oficial en la plaza Belgrano. Solo pudieron ingresar grupos afines al oficialismo y fieles de una iglesia evangélica vinculada al gobierno provincial, que percibieron un pago para ocupar los sectores más visibles del evento con banderas y consignas previamente acordadas.
Desde media mañana, vecinos, docentes, jubilados y trabajadores de distintos gremios intentaron acercarse por las calles Yrigoyen e Italia, pero se encontraron con vallas, cordones de infantería y la presencia de la policía montada. Los uniformados informaron que la orden “venía directamente del gobernador y del jefe de la Policía del Chaco”. El acceso quedó limitado a quienes contaban con acreditaciones o habían sido convocados por el equipo de protocolo del gobierno provincial.
“Vinimos como ciudadanos, no como militantes. Queríamos escuchar y, si hacía falta, expresar nuestro desacuerdo, pero no nos dejaron pasar. Nos dijeron que era orden de Zdero”, relató una manifestante, docente jubilada, indignada por el operativo. Otro de los asistentes denunció: “Nunca en democracia vimos que un presidente venga a una provincia y se prohíba el acceso al pueblo. Solo pasaron los que aplauden a sueldo o responden a la iglesia amiga del gobierno”.
El clima se tensó aún más cuando un grupo de trabajadores de la educación y de la Asociación de Bibliotecarios desplegó carteles con mensajes críticos hacia Milei y el gobernador. Las pancartas con las leyendas “Estafador” y “Coimero” fueron rápidamente retiradas por personal de seguridad, mientras los manifestantes eran rodeados por efectivos.
En la contramarcha, que se organizó espontáneamente a cuatro cuadras del acto principal, los presentes repudiaron “la manipulación de un evento público para montar una puesta escenográfica sin pueblo”. Denunciaron además que el gobierno provincial pagó el traslado y la asistencia de grupos religiosos que actúan como sostén político del oficialismo local.
El blindaje dispuesto por Zdero transformó una visita institucional en un acto cerrado y controlado, en el que no hubo lugar para voces disidentes ni para la participación ciudadana. “Nos quieren mostrar que el presidente es aclamado, pero lo único que logran es dejar en evidencia el miedo al pueblo”, expresó uno de los manifestantes antes de retirarse.
La imagen de una plaza cercada, con ciudadanos impedidos de acercarse al presidente, dejó una postal inquietante sobre el estado de las libertades públicas en el Chaco. Lo que debía ser una visita presidencial terminó siendo, otra vez, un acto hecho a medida de los que aplauden por encargo.
Fuente: Norte

