Una trama que mezcla vuelos privados sin control, transferencias millonarias y vínculos incómodos con un narco internacional dejó a José Luis Espert en el centro de un huracán político y judicial.
El diputado liberal intenta refugiarse en el argumento gastado de la “campaña sucia kirchnerista”, pero las pruebas documentales que emergieron desde la justicia de Estados Unidos son imposibles de esquivar. El IRS, nada menos que el organismo recaudador norteamericano, certificó que Espert recibió en febrero de 2020 una transferencia de 200.000 dólares desde la red que integraban Federico “Fred” Machado y su socia Debra Lynn Mercer-Erwin, hoy condenada a 16 años por lavado de dinero del narcotráfico.
El caso no se agota en la planilla. Espert ya había quedado señalado por volar en aviones de Machado con el transponder apagado, un modus operandi típico de los vuelos narco, y por usar en campaña una camioneta blindada registrada a nombre de un primo del acusado. Todo esto mientras su rendición de gastos omitía cualquier mención a semejantes recursos logísticos.
El diputado no encuentra explicaciones verosímiles: primero agradeció públicamente a Machado por llevarlo a Viedma, luego intentó desentenderse diciendo que “no sabía quién era” y finalmente deslizó que el dinero fue al partido Unite, no a su bolsillo. Argumentos que suenan más a confesión involuntaria que a defensa.
La Justicia argentina ya tiene la lupa sobre el caso. En San Isidro avanza una nueva denuncia por lavado, encubrimiento y financiamiento narco, que podría unirse a la ya existente en Comodoro Py desde 2021. El fiscal Fernando Domínguez deberá decidir si impulsa la investigación, mientras en el Congreso crecen los pedidos para que Espert abandone la presidencia de la Comisión de Presupuesto e incluso su banca.
Dentro de La Libertad Avanza nadie parece dispuesto a poner el cuerpo por él. Sus propios compañeros reflotan viejos apodos como “el valijero” y en la Casa Rosada predomina el silencio, con Milei mirando para otro lado pese a que el abogado de Machado es el mismo que el suyo.
La combinación es explosiva: un diputado clave en la discusión del presupuesto 2026, sospechado de haber recibido financiamiento narco, fotografiado con aviones y camionetas ligadas a un capo con pedido de extradición, y defendido por los mismos letrados que asisten al Presidente. Un escándalo que, en cualquier país con instituciones sólidas, bastaría para barrer de la política a sus protagonistas.
En Argentina, por ahora, Espert sigue sentado en su banca, cada vez más solo y con la soga cada vez más corta.

