“Momento Sudáfrica”: ¿está Israel entrando en un aislamiento internacional comparable al del apartheid?
La guerra en Gaza, que no da señales de amainar, ha puesto a Israel en el centro de un creciente aislamiento diplomático y económico. Cada semana se suman medidas, sanciones y gestos políticos que recuerdan a lo que la comunidad internacional aplicó a Sudáfrica en las décadas de 1970 y 1980 hasta forzar el fin del apartheid.
El término “momento Sudáfrica” resurge entre analistas y diplomáticos para describir la posibilidad de que una presión internacional combinada —política, económica, cultural y deportiva— termine dejando a Israel con menos margen para sostener su ofensiva en Gaza y su expansión en Cisjordania.
Exdirigentes israelíes como Ehud Barak y Ehud Olmert han acusado al primer ministro Benjamín Netanyahu de conducir al país hacia una condición de paria. La advertencia no es simbólica: la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Netanyahu, lo que reduce drásticamente la lista de países a los que puede viajar sin riesgo de ser detenido.
Los movimientos diplomáticos son cada vez más concretos. Reino Unido, Francia, Australia, Bélgica y Canadá anunciaron que reconocerán a Palestina como Estado; España avanzó con un embargo de armas y restricciones comerciales; y la Unión Europea propuso suspender partes del acuerdo de asociación con Israel por violaciones a los derechos humanos. Incluso el fondo soberano de Noruega, con activos por más de dos billones de dólares, comenzó a desinvertir en empresas israelíes.
El impacto va más allá de la política. Desde boicots culturales —como la amenaza de varios países europeos de retirarse de Eurovisión si participa Israel— hasta protestas en eventos deportivos como la Vuelta de España, los paralelismos con el aislamiento sudafricano se multiplican. En Hollywood, más de 4.000 artistas, entre ellos Emma Stone y Javier Bardem, firmaron un manifiesto llamando a cortar vínculos con productoras y festivales israelíes.
Netanyahu y su cancillería responden con una retórica desafiante, acusando de antisemitismo a gobiernos como el español o el belga. Sin embargo, la ansiedad crece incluso dentro de la diplomacia israelí. Exembajadores como Ilan Baruch —quien renunció por no poder justificar la ocupación— sostienen que las sanciones son necesarias y recuerdan que así fue como Sudáfrica terminó cediendo.
La pregunta clave es si este cerco alcanzará el peso suficiente como para modificar la estrategia militar y política de Israel. La experiencia sudafricana enseña que la presión internacional rara vez es inmediata, pero puede volverse irresistible cuando se combina con factores internos de desgaste.
Por ahora, Israel mantiene un salvavidas fundamental: el respaldo de Estados Unidos. El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró en su visita a Jerusalén que la alianza con Washington es inquebrantable. Esa cobertura impide, al menos en lo inmediato, que la presión internacional se convierta en un bloqueo total.
Sin embargo, la sensación de un “tsunami diplomático” es palpable. La ONU investiga crímenes de guerra, Europa ajusta sus sanciones y los países árabes coordinan posiciones tras los ataques en Qatar. Si el aislamiento se profundiza, Netanyahu podría enfrentarse a un dilema histórico: persistir en la línea dura y arrastrar a Israel hacia un pariaje prolongado, o ceder ante una comunidad internacional que empieza a perder la paciencia.
El espejo sudafricano se proyecta con fuerza, pero aún está por verse si Israel ya ha cruzado ese umbral o si el peso geopolítico de sus aliados le permitirá esquivar el “momento Sudáfrica” durante un tiempo más.
Fuente: BBC

