Una joven emprendedora que había ganado notoriedad por defender con entusiasmo las políticas del gobierno de Javier Milei anunció en redes sociales el cierre de su kiosco, afectado por la caída del consumo. Su historia, lejos de ser un caso aislado, refleja el impacto directo del actual modelo económico en los pequeños comercios del país.
En un video que se viralizó rápidamente, la comerciante relata con resignación cómo su negocio, que hasta hace pocos meses lograba mantenerse, dejó de recibir clientes: “Vendíamos lo mínimo indispensable. Y de golpe, no entró más nadie al kiosco”, lamenta. Lo que sorprende no es la noticia del cierre en sí —ya que miles de negocios atraviesan situaciones similares— sino la falta de reconocimiento sobre las causas estructurales que explican esa realidad.
Durante meses, la kiosquera usó sus redes sociales para justificar el ajuste fiscal, criticar las protestas sociales y rechazar la intervención del Estado. Hoy, los efectos de esa misma política —tarifas en alza, recesión, licuación de ingresos, caída del consumo— se hacen sentir en su propia economía cotidiana.
Según estimaciones del sector, más de 16.000 kioscos y pequeños comercios cerraron en lo que va del año. La contracción del mercado interno, el achicamiento del Estado y el encarecimiento de servicios básicos impactaron con dureza sobre las unidades económicas más vulnerables, mientras se consolidan beneficios para sectores exportadores y financieros.
En su testimonio, la emprendedora vuelve a insistir en críticas ideológicas hacia referentes de la oposición o movimientos sociales, sin establecer vínculos claros con la crisis que la obligó a bajar la persiana. Su relato, sin embargo, se vuelve ilustrativo de una paradoja frecuente: la defensa de un modelo que termina perjudicando precisamente a quienes lo sostienen con mayor convicción.
Más allá de lo anecdótico, su caso pone en evidencia una desconexión profunda entre el discurso del mérito individual y las condiciones reales que enfrentan los comerciantes en el contexto actual. En un país donde la economía se contrae y el Estado se retira de sus funciones básicas, sostener un pequeño negocio no depende solo del esfuerzo personal, sino de políticas que promuevan el consumo, la producción y el empleo.
De la defensa del ajuste al cierre del kiosco: una historia que expone las contradicciones del modelo
Una joven emprendedora que había ganado notoriedad por defender con entusiasmo las políticas del gobierno de Javier Milei anunció en redes sociales el cierre de su kiosco, afectado por la caída del consumo. Su historia, lejos de ser un caso aislado, refleja el impacto directo del actual modelo económico en los pequeños comercios del país.
En un video que se viralizó rápidamente, la comerciante relata con resignación cómo su negocio, que hasta hace pocos meses lograba mantenerse, dejó de recibir clientes: “Vendíamos lo mínimo indispensable. Y de golpe, no entró más nadie al kiosco”, lamenta. Lo que sorprende no es la noticia del cierre en sí —ya que miles de negocios atraviesan situaciones similares— sino la falta de reconocimiento sobre las causas estructurales que explican esa realidad.
Durante meses, la kiosquera usó sus redes sociales para justificar el ajuste fiscal, criticar las protestas sociales y rechazar la intervención del Estado. Hoy, los efectos de esa misma política —tarifas en alza, recesión, licuación de ingresos, caída del consumo— se hacen sentir en su propia economía cotidiana.
Según estimaciones del sector, más de 16.000 kioscos y pequeños comercios cerraron en lo que va del año. La contracción del mercado interno, el achicamiento del Estado y el encarecimiento de servicios básicos impactaron con dureza sobre las unidades económicas más vulnerables, mientras se consolidan beneficios para sectores exportadores y financieros.
En su testimonio, la emprendedora vuelve a insistir en críticas ideológicas hacia referentes de la oposición o movimientos sociales, sin establecer vínculos claros con la crisis que la obligó a bajar la persiana. Su relato, sin embargo, se vuelve ilustrativo de una paradoja frecuente: la defensa de un modelo que termina perjudicando precisamente a quienes lo sostienen con mayor convicción.
Más allá de lo anecdótico, su caso pone en evidencia una desconexión profunda entre el discurso del mérito individual y las condiciones reales que enfrentan los comerciantes en el contexto actual. En un país donde la economía se contrae y el Estado se retira de sus funciones básicas, sostener un pequeño negocio no depende solo del esfuerzo personal, sino de políticas que promuevan el consumo, la producción y el empleo.
Fuente: Minuto Uno

