El martes 22 de julio de 2025, alrededor de 2.500 asistentes se congregaron en el Hotel Quórum de Córdoba para el llamado “Derecha Fest”, un encuentro que prometía “el evento más antizurdo del mundo” (?). En el lobby del recinto, junto a figuras de cartón de Javier Milei, también se alzaron estatuillas a escala real de Donald Trump, Giorgia Meloni y Nayib Bukele, subrayando el vínculo simbólico con el exmandatario estadounidense responsable de la designación de Peter Lamelas como embajador.
Según la crónica, Milei hizo su ingreso pasadas las 21:30 y, tras leer su discurso titulado “La construcción del milagro”, ofreció una intervención de aproximadamente media hora en la que defendió su gestión como “el mejor Gobierno de la historia”, convocó a “militar con entusiasmo” de cara a las elecciones legislativas de octubre y lanzó duros ataques a su vicepresidenta, Victoria Villarruel, a quien calificó de “bruta traidora”.
En paralelo, Peter Lamelas, el médico de origen cubano nominado por Donald Trump como próximo embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, desató una fuerte polémica con sus declaraciones ante el Senado norteamericano. Lamelas no es diplomático de carrera sino empresario de una red de clínicas en Florida, y ha dejado entrever su intención de “vigilar los procesos provinciales” y “respaldar la lucha contra la corrupción”, lo que para muchos gobernadores es una clara injerencia en asuntos internos argentinos.
Gobernadores de Tierra del Fuego, La Rioja y La Pampa —Gustavo Melella, Ricardo Quintela y Sergio Ziliotto, respectivamente— fueron de los primeros en rechazar públicamente las afirmaciones del embajador propuesto, advirtiendo que “no admitimos presiones externas ni condicionamientos” sobre la autonomía provincial ni la independencia judicial.
Con un programa que arrancó a las 17:00 y se extendió con ponencias de pastores evangélicos, influencers y referentes ultraderechistas, el Derecha Fest cerró sin agenda institucional, pero con una desbordante exhibición de marketing político: carteles gigantes de Trump sonriendo al público, poses calculadas de Milei frente a los focos y una puesta en escena diseñada para la foto viral.
Entre gritos de “¡Libertad, libertad!” e insultos contra la “casta”, el auditorio se convirtió en un ring simbólico donde las agresiones verbales fueron tan protagonistas como los discursos. Finalmente, terminó un festival tan cuestionable como las propias afirmaciones del embajador Lamelas.

