En un nuevo aniversario del atentado terrorista más grave en la historia argentina, el reclamo por justicia vuelve a chocar contra el muro de la desidia estatal. Diana Malamud, referente de Memoria Activa e integrante del CELS, sintetiza el dolor de miles: “31 años después, no hay un solo preso por la causa AMIA. No hay verdad. No hay justicia”.
El atentado del 18 de julio de 1994 dejó 85 muertos y más de 300 heridos. Tres décadas después, las preguntas más elementales siguen sin respuesta. Malamud lo dice sin rodeos: “La impunidad se acrecienta con los años. Y lo más terrible es que ni siquiera sabemos por qué se encubrió”.
En este nuevo aniversario, el Gobierno de Javier Milei impulsa el juicio en ausencia para siete iraníes y tres libaneses acusados de estar vinculados con el atentado. Respaldado por la conducción de la AMIA y la DAIA, el mecanismo fue avalado este año por el Congreso y pretende aplicarse por primera vez en la historia judicial argentina. Pero para los familiares, lejos de significar un avance, se trata de un cierre en falso.
“De la herramienta jurídica no tengo nada para opinar. Pero me parece una maniobra para cerrar la causa”, advierte Malamud, en referencia a la decisión del juez Daniel Rafecas de avanzar con el proceso sin los imputados presentes. “Ese juicio tampoco será una reparación de nada. ¿Juzgar a quiénes? ¿Para qué? Todavía faltan pruebas. Queremos a los culpables presos”, remarcó.
El trasfondo político y judicial que rodea el caso es tan oscuro como el propio atentado. Encubrimientos, servicios de inteligencia, intereses internacionales y complicidades cruzadas entre gobiernos y corporaciones impidieron durante décadas el avance real de la causa. El Estado argentino fue condenado en 2023 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por su rol en el encubrimiento y la falta de investigación. Ni siquiera esa sentencia produjo cambios significativos.
A las 9:53 de la mañana de este jueves volverá a sonar la sirena frente a la AMIA. Será, otra vez, un sonido estéril para un Estado que durante 31 años se dedicó más a esconder que a esclarecer. Un sonido que no conmueve a quienes hoy simulan avanzar mientras operan, en los hechos, para archivar la causa de una vez por todas. Porque el juicio en ausencia –sin investigación, sin verdad, sin responsabilidad penal concreta– es apenas un decorado judicial para cerrar un capítulo que incomoda a demasiados.
Fuente: Pagina12

