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abril 20, 2026

Paredes volvió a Boca y se emocionó frente a una Bombonera colmada

Leandro Paredes regresó a Boca Juniors y no hizo falta que tocara una pelota para sacudir el corazón del hincha. Bastó su presencia en el estadio, la emoción en sus ojos y el rugido de las 50.000 almas que llenaron la Bombonera para convertir esa tarde de julio en un hito que ya se inscribe en la historia del club.

“Volví para vivir la locura del mundo Boca”, dijo el mediocampista de la Selección Argentina, que eligió el sentimiento por encima del confort europeo. Y la Bombonera, encendida, le respondió como a un hijo que vuelve consagrado: con ovación, con cánticos, con lágrimas y promesas.

Paredes no llega a retirarse ni por nostalgia: vuelve en plenitud, con tres años y medio de contrato, después de una década como figura en Italia y con la medalla del mundo aún fresca en la memoria. Podía haber seguido en Europa, pero eligió volver al club que lo formó, al que ama, al que dejó siendo un chico con proyección y ahora pisa como referente absoluto.

“Soy un jugador mucho más maduro que el que se fue”, confesó en conferencia de prensa, en la que también admitió que le gustaría ser el capitán y agradeció a Rodrigo Battaglia por cederle la camiseta número 5. Desde la primera fila lo escuchaban su pareja Camila Galante, su hija Victoria y un Riquelme que lo miraba con orgullo. “Gracias por volver”, le dijo el presidente, mientras por los pasillos del estadio el público coreaba: “Que de la mano de Leo Paredes, todos la vuelta vamos a dar”.

El recibimiento fue imponente. Comparado sólo con los regresos históricos de Maradona, Riquelme, Palermo o Tevez, pero incluso superando a muchos de ellos en un detalle clave: se llenó la cancha exclusivamente para abrazarlo. “Tenía miedo de que no viniera nadie”, reconoció, y se quebró al ver la magnitud del cariño. Luego, ya en el césped, repartió pelotas autografiadas y se acercó a cada tribuna. Todo mientras sonaban los flashes y los gritos de agradecimiento.

Paredes dejó en claro que vuelve a competir. No como una figura decorativa, sino como un refuerzo de peso, un líder y un símbolo. Por eso la ilusión del hincha renace en medio de una temporada irregular. El Mundial de Clubes había encendido una chispa, pero la llegada del 5 campeón del mundo enciende una hoguera.

“Obviamente es muy fácil decir que el objetivo es la Copa Libertadores. Pero hay que ir paso a paso”, aclaró, con los pies sobre la tierra. Su debut podría darse en la segunda fecha del torneo Clausura ante Unión o más adelante, según cómo avance su preparación física. “Eso lo decidirá el técnico”, respondió con una sonrisa, mientras Miguel Russo, desde la primera fila, lo observaba con satisfacción.

También habló de su vínculo con los campeones del mundo. Dijo que habla a diario con Di María, que también volvió al país para jugar en Rosario Central. Y mencionó que recibió el respaldo de Lionel Scaloni, dejando en claro que su retorno a Boca no pone en riesgo su lugar en la Selección.

La llegada de Paredes no es sólo un refuerzo: es un gesto de amor que trasciende lo futbolístico. También es un triunfo político para el Consejo de Fútbol liderado por Riquelme, que en su gestión sumó nombres como Rojo, Cavani, Romero, Pol Fernández, Benedetto, Alan Velasco y ahora a Paredes, probablemente el más simbólico de todos.

Volvió al club donde creció, al que lleva tatuado en el pecho. Volvió con la ilusión de un hincha y la experiencia de un campeón. Se emocionó, lloró, agradeció y prometió dejarlo todo. Y mientras la Bombonera entera lo abrazaba, una certeza se instaló en el aire: Leandro Paredes no vino a retirarse, vino a dejar huella.