El 27 de junio de 2025, J.P. Morgan publicó internamente su informe "Taking a breather” (traducción: “Tomándose un respiro”), en el que recomienda a sus clientes desarmar sus posiciones en el “carry trade” argentino y refugiarse en activos dolarizados. Este giro radical contrasta con su apoyo de abril, cuando el banco exaltaba las Lecaps ante las altas tasas locales y un esquema cambiario estable. Ahora, advierte que el pico de liquidación agropecuaria quedó atrás, que las salidas de divisas por turismo se comieron ya u$s 3.500 millones en el primer trimestre y que el “ruido electoral” de las legislativas de octubre amenaza con más volatilidad.
La filtración de este documento causó revuelo en el Palacio de Hacienda. Según trascendidos, funcionarios de Javier Milei y de su ministro de Hacienda, Luis Caputo, telefonearon directamente a la oficina de J.P. Morgan en Nueva York para intentar desactivar el impacto negativo del pronóstico. En los mercados locales ya se perciben tensiones: los bonos en pesos corrigieron a la baja y los dólares financieros comenzaron a subir, mientras el riesgo país se mantiene cerca de los 700 puntos básicos, una señal de desconfianza en la sostenibilidad del programa cambiario.
A pesar de la postura defensiva en el corto plazo, J.P. Morgan no abandona por completo a Argentina: su informe elogia el proceso de desinflación (con la inflación mensual por debajo del 2 % en mayo) y celebra el superávit fiscal primario de 0,8 % del PBI hasta mayo, impulsado por la eliminación de controles de capital. Sin embargo, insiste en que las reservas del Banco Central —aunque reforzadas por un desembolso del FMI de u$s 13.500 millones— no crecieron lo suficiente para ofrecer un colchón ante shocks externos. La recomendación es clara: “dar un paso atrás” hasta que la política y las finanzas recobren certidumbre tras las elecciones.
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