El último Monitor de Opinión Pública de Zentrix expone un dato que desarma cualquier relato oficial: ocho de cada diez personas que tomaron deuda en los últimos dos años lo hicieron para pagar alimentos, salud y tarifas. No hay consumo suntuario ni “televisores para el mundial”, como ironizó el diputado libertario Benegas Lynch. Hay supervivencia.
El relevamiento muestra que en los últimos seis meses el 60% de los argentinos se endeudó para llegar a fin de mes. La proporción escala al 70% en la clase baja y al 67% entre jóvenes de 18 a 39 años, los sectores más castigados por la licuación salarial y el tarifazo. La narrativa de Javier Milei y Luis Caputo, que niega la crisis, queda desmentida por la estadística: 6 millones de familias atrapadas en créditos que no eligieron, sino que padecen.
La fragilidad del ingreso se mide en días: el 65% de los trabajadores se queda sin salario antes del día 20, el 44% no supera el día 15 y un 12% ni siquiera llega al día 5. En la clase baja, el 87% se queda sin ingresos antes del día 20. Entre los menores de 40 años, el 83% no logra estirar su sueldo más allá de la tercera semana. La combinación de juventud y pobreza es letal.
El informe también advierte que la evaluación de la economía nacional sigue siendo mayoritariamente negativa: el 59,4% la considera mala o muy mala, con una brecha social marcada que lleva esa mirada a casi el 75% en la clase baja. La percepción personal acompaña la tendencia: apenas un 29,8% evalúa positivamente su situación, una mejora mínima frente a meses anteriores que no alcanza para revertir el deterioro.
Consultados sobre el futuro inmediato, los argentinos respondieron con palabras como incertidumbre y angustia, aunque también aparece la esperanza en un lugar destacado. Esa tensión entre expectativa y realidad es el dato más preocupante: la ansiedad por el futuro convive con un presente erosionado.


El relevamiento concluye que la Argentina vive un mecanismo perverso: una generación que sostiene su vida a fuerza de trabajo adicional y deuda. La leve recuperación en la percepción individual no se traduce en recomposición efectiva del poder adquisitivo. La deuda reemplaza al ingreso, el crédito reemplaza al salario. Y el ajuste oficial no solo erosiona el poder adquisitivo: erosiona la dignidad.

Impacto generacional
- Jóvenes endeudados: el 83% de los menores de 40 años no logra estirar su sueldo más allá del día 20. La precariedad laboral y la necesidad de múltiples empleos los obliga a sostener su nivel de vida con deuda.
- Mayores de 60: aunque menos expuestos, el 60% tampoco supera el día 20. La jubilación insuficiente y el aumento de medicamentos los empuja a créditos de supervivencia.
- Brecha social: en la clase baja, el 87% agota ingresos antes del día 20; en la clase alta, apenas el 7%. La deuda se concentra en quienes menos margen tienen.
En definitiva, el informe describe un país donde la deuda reemplaza al ingreso y el crédito reemplaza al salario. La esperanza aparece en las encuestas, pero no en los bolsillos. La distancia entre expectativa y realidad es el dato más preocupante de cara a 2027.

