El precio del pan volvió a moverse este fin de semana en el Chaco. El Centro de Industriales Panaderos del Chaco había anticipado un ajuste de entre 5% y 10% por la suba de insumos y por el impacto de los servicios sobre los costos del sector. La definición ya entró en zona de aplicación y deja otro golpe sobre un alimento básico de la mesa familiar.
La referencia previa que manejaba el sector ubicaba el costo del pan entre $2.200 y $2.400 por kilo. Con una suba de entre 5% y 10%, ese valor pasa a quedar en una franja aproximada de $2.400 a $2.600, según la zona y el comercio. En la práctica, el kilo de pan ya se encamina a los $2.600.
El argumento del sector es directo: harina, levadura, grasas, combustible y logística siguieron empujando para arriba, mientras las panaderías medianas y pequeñas también sienten el peso de los servicios. La propia entidad panadera planteó que los valores vigentes quedaron atrasados y sugirió a cada local ajustar según su estructura de costos para evitar trabajar por debajo del punto de equilibrio.
El cuadro general tampoco ayuda. El INDEC informó para febrero de 2026 una suba mensual de 6,8% en la división “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles”, mientras que “Pan y cereales” registró una variación interanual de 24,1% a nivel nacional. En el noreste, además, el rubro “Pan y cereales” mostró una suba mensual de 4,4% en febrero.
Traer el pan a la mesa se volvió una tarea cada vez más difícil para miles de familias que ya llegan con lo justo a mitad de mes. Cada salto en un alimento básico pega de lleno en la vida cotidiana y deja a la vista el deterioro del poder de compra.
Mientras la Nación sostiene su esquema de liberación de precios y ajuste, y en la Provincia la gestión de Zdero no muestra respuestas concretas frente al deterioro del consumo y del bolsillo, la cuenta termina cayendo siempre en el mismo lugar: sobre la mesa de los hogares. Cuando hasta traer el pan a la mesa empieza a ser un problema, el discurso económico ya no alcanza.

