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abril 10, 2026

La TV Pública chaqueña pidió disculpas por chistes racistas, pero sus autoridades se escondieron detrás de una placa

El canal estatal Somos Uno quedó envuelto en una fuerte polémica tras la difusión de expresiones racistas y burlas sobre niños iraníes víctimas de bombardeos, emitidas en el programa "Como si fuera poco". La reacción oficial existió, pero llegó tarde, forzada por el repudio público y sin que aparecieran quienes tienen responsabilidad política sobre la señal. La respuesta del canal se limitó a una placa y a la lectura de un comunicado por parte de la conductora Fernanda Ayuza, mientras las máximas autoridades evitaron exponerse.

Una disculpa sin responsables al frente

El descargo institucional fue leído al aire por Ayuza, compañera del conductor Nicolás Tortarolo, quien no estuvo presente y, de acuerdo con la información difundida, eliminó sus redes sociales en medio de la repercusión. El comunicado sostuvo que los comentarios resultaban “inaceptables” y contrarios a los valores del canal, además de mencionar supuestas “medidas correspondientes” y un refuerzo de protocolos. El problema es que no se informaron sanciones concretas ni habló ningún funcionario con poder real de decisión.

La placa tampoco ayudó a despejar responsabilidades. No estuvo firmada por ninguna autoridad, no exhibió validación institucional alguna y ni siquiera incluyó una identificación concreta más allá de un genérico “Canal Somos Uno”. Es decir, hubo disculpa en pantalla, pero nadie quiso hacerse cargo.

Carlos Minich figura como director de los Medios Públicos, mientras Marcos Resico aparece como secretario de Asuntos Estratégicos, el área desde la cual se encuadran las decisiones vinculadas a la señal estatal. Ambos fueron presentados públicamente como las autoridades responsables del sistema de medios.

El escándalo que obligó al canal a reaccionar

La controversia se desató luego de que la periodista Gabriela Pellegrini, exeditora de género del canal, difundiera fragmentos del programa. En el video que circula en redes se escuchan dos chistes del conductor al despedirse del programa. El primero dice: “¿Por qué no bombardean África? Porque no encuentran el blanco”. El segundo plantea: “¿En qué se diferencian una paloma y un niño iraní? La paloma, cuando vuela, vuela completa”. Recién después de esa exposición pública llegó la reacción institucional del canal.

La gravedad del episodio excede a un conductor. Se trata de contenidos emitidos desde una señal pública, financiada por el Estado y presentada por la propia gestión de Leandro Zdero como una etapa de “democratización de la información” y renovación editorial.

Una pantalla pública sin conducción visible

Cuando estalla una crisis de esta magnitud, la obligación institucional es dar la cara, explicar responsabilidades y comunicar decisiones claras. Acá pasó otra cosa: una conductora quedó sola leyendo un texto, mientras los responsables jerárquicos se borraron de escena.

Fernanda Ayuza dando explicaciones.

Esto afecta la credibilidad de una señal del Estado que debería sostener estándares mínimos de responsabilidad profesional, ética y respeto por los derechos humanos. La placa sirvió para cubrir la pantalla. No alcanzó para cubrir la ausencia de Carlos Minich ni de Marcos Resico, los funcionarios que debían asumir el costo político de lo ocurrido.