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marzo 17, 2026

Universidades bajo ataque: memoria, ley y dignidad

Por Oscar Meza

La verdad que preocupa, y preocupa mucho, la situación que están padeciendo nuestras universidades, las universidades de nuestra patria. El paro que hoy inicia la docencia universitaria no es un hecho aislado ni un gesto exagerado. Es el comienzo de un plan de lucha que, salvo que exista una respuesta relativamente favorable del gobierno nacional, seguramente nos va a acompañar a lo largo de todo el año. Y uno, en función de las actitudes que viene teniendo este gobierno, no puede dar esa respuesta por segura.

Lo que está en discusión no es solamente un reclamo salarial ni una diferencia administrativa. Lo que está en discusión es la plena vigencia de una ley que fue aprobada por el Congreso, vetada por el Presidente, vuelta a tratar y nuevamente respaldada por dos tercios de los representantes del pueblo argentino. Pese a eso, hace más de cien días que esa ley fue promulgada y sigue sin cumplirse por mandato expreso del Gobierno nacional. Eso tiene una gravedad institucional enorme. Porque cuando un gobierno decide no cumplir una ley que el Congreso sancionó y ratificó, lo que está haciendo es colocarse por encima de las instituciones de la democracia.

Una historia que no empezó ayer

Duele ver que otra vez las organizaciones docentes universitarias tengan que recurrir al paro para defender no sólo el calendario académico, sino la sobrevivencia de una de las instituciones madres de cualquier país que se precie de ser medianamente democrático y medianamente republicano. La universidad argentina no es una estructura vacía ni un gasto a recortar. Es una construcción histórica, una conquista social y una bandera de lucha que viene, ni más ni menos, desde la Reforma Universitaria de 1918. Esa tradición la levantaron docentes, no docentes y estudiantes, y la sostuvieron durante décadas frente a gobiernos autoritarios, conservadores y reaccionarios.

Yo repasaba en estos días algunas historias que a uno todavía lo emocionan. Recordaba aquella jornada del 13 de mayo de 1969 en Resistencia, frente a la Ciudad Universitaria de la UNNE, cuando la lucha por el comedor universitario encendía una movilización histórica. Recordaba también el correntinazo del 15 de mayo y la figura de Juan José Cabral, mártir de aquella rebeldía estudiantil. Y recordaba, por supuesto, el 29 de mayo de 1969, cuando la unidad entre el movimiento obrero y los estudiantes se transformó en una bandera de lucha que marcó a fuego a toda una generación. Esa historia no es una estampita de museo. Esa historia explica por qué la universidad argentina merece respeto y por qué cada intento de disciplinarla encuentra, tarde o temprano, respuesta en la memoria colectiva.

Vergüenza y memoria

La verdad, sea dicha, llama poderosamente la atención que sectores que se dicen herederos de la tradición democrática argentina acompañen con tanta docilidad a un gobierno que hostiga, golpea y vapulea a las universidades nacionales. Más todavía cuando muchos de esos dirigentes son egresados de esas mismas universidades y, sin embargo, no le hacen asco a caminar al lado de un proyecto político que deshonra de manera cínica y antirrepublicana la historia de la educación pública argentina.

Yo no hablo aquí desde una simplificación partidaria. Soy orgullosamente peronista, sí, pero también hablo desde la historia de mi padre y de mi hermano mayor, que fueron dirigentes del radicalismo y lo fueron no para ser antiperonistas, sino porque los emocionaban la Reforma Universitaria, YPF, Mosconi y tantas otras banderas nobles de la historia política argentina. A esos dirigentes de hoy habría que recordarles sus orígenes, su esencia y su responsabilidad. Deberían tener más vergüenza y más memoria. Porque no se puede invocar la república mientras se mira para otro lado cuando el poder ejecutivo decide incumplir una ley votada por el Congreso y castigar a una universidad pública que ha sido orgullo de nuestro país ante América Latina y ante el mundo.

La docencia universitaria merece acompañamiento. Y el movimiento universitario en su conjunto también. No se trata sólo de salarios, aunque los salarios importan y mucho. Se trata de defender una institución esencial para la democracia argentina. Nuestro honroso acompañamiento, entonces, a esta jornada de paro y a las luchas que vengan. Porque si el gobierno nacional insiste en no respetar las leyes que promulga el Congreso, la continuidad del conflicto no será responsabilidad de quienes reclaman, sino de quienes gobiernan de espaldas a la universidad pública y a la historia misma de la Nación.