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marzo 14, 2026

Industricidio acelerando

La industria opera con su peor enero en una década y crecen las críticas a la política económica nacional

El uso de la capacidad instalada de la industria argentina registró en enero uno de los niveles más bajos de los últimos diez años, en un contexto económico atravesado por la caída del consumo interno, la apertura de importaciones y la falta de políticas activas para sostener la producción nacional.

Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos, el nivel de utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 53,6%, lo que representa el peor enero desde que el organismo retomó la medición del indicador en 2016. Incluso, si se excluyen los meses más críticos de 2024, la cifra aparece entre las más bajas para cualquier período de la última década.

El dato se conoce en medio de un fuerte debate sobre el impacto de las políticas económicas del gobierno de Javier Milei, cuya estrategia de apertura comercial y ajuste del gasto público genera crecientes cuestionamientos desde distintos sectores productivos.

La utilización de la capacidad instalada es uno de los indicadores más observados para medir el nivel de actividad industrial. Cuando el indicador se ubica cerca del 80% u 85% suele reflejar etapas de expansión económica. En cambio, valores como el actual evidencian un alto nivel de capacidad ociosa, caída de la producción y dificultades para sostener el empleo en el sector manufacturero.

El informe oficial muestra que, tras iniciar 2025 con un nivel cercano al 55%, el indicador logró una recuperación parcial durante el año, alcanzando un máximo del 61% entre septiembre y octubre. Sin embargo, la tendencia volvió a revertirse hacia el final del período: en noviembre cayó a 57,7%, en diciembre descendió a 53,8% y finalmente en enero se ubicó en el actual 53,6%.

Para numerosos analistas y representantes de la industria, estos números reflejan las consecuencias de un modelo económico que prioriza la desregulación del mercado y la apertura comercial sin mecanismos de protección para la producción local.

El análisis por sectores muestra con claridad quiénes están pagando el costo de ese esquema. Las ramas más expuestas a la competencia externa aparecen entre las más golpeadas.

Entre ellas se destacan los productos textiles, que registraron una utilización de capacidad instalada de apenas 23,7%, diez puntos porcentuales menos que en igual mes del año anterior. También la industria automotriz cayó hasta el 24%, mientras que la metalmecánica —excluyendo el sector automotor— se ubicó en 31,4%. Los productos de caucho y plástico, por su parte, alcanzaron apenas el 36,1%.

En contraste, algunos sectores vinculados a actividades exportadoras o a la producción de insumos básicos muestran niveles más elevados. La refinación de petróleo registró un uso del 86,8% de su capacidad instalada, las industrias metálicas básicas alcanzaron el 67,6%, las sustancias y productos químicos el 64,8% y el sector de papel y cartón el 61,7%.

Esta marcada desigualdad dentro del sector industrial refleja, según especialistas, el impacto de las políticas económicas actuales. El economista Federico González Rouco explicó que los sectores que compiten directamente con importaciones son los que más sufren el nuevo escenario.

Según el analista, actividades como textiles, automotrices o tecnología enfrentan hoy una presión creciente por la entrada de productos del exterior en un contexto de caída del consumo interno, lo que agrava aún más su situación.

A su vez, los datos del Índice de Producción Industrial Manufacturero también reflejan un retroceso significativo en algunas actividades clave. La fabricación de maquinaria agropecuaria muestra una caída interanual del 32,1%, mientras que la producción de aparatos de uso doméstico se desploma un 35,8%.

Desde distintos sectores industriales advierten que la combinación de apertura comercial, retracción del mercado interno y ausencia de políticas de estímulo productivo está generando un escenario cada vez más adverso para la industria nacional.

Para muchos empresarios y economistas heterodoxos, el deterioro del uso de la capacidad instalada es un síntoma claro de un problema más profundo: un modelo económico que, en nombre de la liberalización del mercado, debilita el entramado productivo y expone a la industria local a una competencia desigual frente a productos importados.

En ese contexto, el bajo nivel de actividad industrial vuelve a encender señales de alarma sobre el futuro del empleo, la producción nacional y la capacidad del país para sostener un desarrollo económico basado en el valor agregado y la industria.