“Nodo crítico”: la guerra en Medio Oriente presiona sobre un insumo clave para el agro argentino
La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir los mercados globales y encendió luces de alerta en la Argentina, particularmente en el agro. El foco está puesto en un insumo estratégico: la urea. El país importa entre un 30% y un 40% de ese fertilizante desde el Golfo Pérsico y, solo en 2025, el 37% de las 1,4 millones de toneladas adquiridas provinieron de esa región. Con los fletes encareciéndose cerca de un 70% en los corredores vinculados al Golfo, el impacto potencial sobre los costos productivos ya es motivo de preocupación.
El conflicto no solo tensiona el mercado de fertilizantes. También repercute en el precio del petróleo —que ronda los 80 dólares—, en el gas, en los seguros marítimos y en la volatilidad financiera. Un punto neurálgico es el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del crudo mundial y una proporción similar del gas. Cualquier alteración en ese paso estratégico tiene capacidad de trasladarse rápidamente a los precios internacionales.
Marcelo Elizondo, especialista en comercio exterior, advirtió que el efecto final dependerá de la duración y la profundidad geopolítica del enfrentamiento. Describió dos fuerzas en tensión: por un lado, el encarecimiento del petróleo eleva costos logísticos y productivos, impactando en fertilizantes nitrogenados como la urea; por otro, un eventual fortalecimiento del dólar podría moderar o incluso deprimir los precios de las commodities agrícolas.
En fertilizantes, la región tiene un peso significativo. Países con abundante gas natural, como Qatar e Irán, son grandes productores de urea y amoníaco. A nivel global, el comercio anual de urea ronda las 54 millones de toneladas y alrededor del 15% está vinculado directa o indirectamente a esa zona. En el caso de los fosfatados, cerca del 20% del fósforo comercializado también transita por la región afectada.
Armando Allinghi, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa), definió el escenario como “un nodo crítico para el abastecimiento internacional”. Alertó que la menor disponibilidad de buques, los desvíos de rutas y el aumento de las primas de riesgo podrían traducirse rápidamente en mayores precios y menor previsibilidad para la próxima campaña.
El efecto cadena alcanza también a los fitosanitarios, cuya producción y transporte dependen fuertemente del costo energético. Maximiliano Moreno, de la Fundación INAI, encuadró el episodio como un factor adicional en un escenario global ya atravesado por alta volatilidad y creciente correlación entre geopolítica y comercio. Nelson Illescas, especialista en derecho internacional agroindustrial, añadió que el encarecimiento del crudo repercute en toda la cadena: transporte de granos, insumos y contratos a futuro.
Sin embargo, no todo el impacto es necesariamente negativo. Un petróleo más caro puede traccionar la demanda de biocombustibles, generando sostén en productos vinculados como el maíz o el aceite de soja.
En la Bolsa de Chicago, referencia global de los granos, el traslado del conflicto fue parcial. La soja mayo cerró con una baja de US$2,48 hasta US$427,70 y el maíz retrocedió US$1,09 a US$175,48. La excepción fue el aceite de soja, que subió US$19,62 y alcanzó US$1383,17, en máximos desde septiembre de 2023, impulsado por la relación directa con el petróleo y las expectativas sobre biocombustibles.
Analistas del mercado coincidieron en que, pese al ruido geopolítico, la rueda fue más moderada de lo esperado. La soja enfrentó presión por la abundante oferta brasileña, mientras que el maíz se movió dentro de rangos habituales. El aceite, en cambio, encontró respaldo tanto en la suba del crudo como en la expectativa por definiciones regulatorias en Estados Unidos sobre mandatos de biodiésel.
El escenario sigue abierto. Si el conflicto se prolonga, podría consolidarse un piso más alto para la energía y los fertilizantes, afectando la estructura de costos del agro argentino. Si se modera, el impacto podría diluirse en la dinámica habitual de oferta y demanda. Por ahora, el mercado observa con cautela: el nodo crítico está identificado y la sensibilidad es alta.

