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marzo 5, 2026

La fortuna de los grandes empresarios argentinos y el dinero que circula fuera del país

Galperin, Rocca, Bulgheroni, Eurnekian y más

En el debate público sobre economía, trabajo y desigualdad, un dato suele quedar fuera del centro de la escena: las enormes fortunas que poseen algunos de los empresarios más poderosos del país y el volumen de capital argentino que termina radicado fuera de fronteras.

Según el ranking global de multimillonarios publicado por Forbes en 2025, varios empresarios argentinos están entre los más ricos del mundo. El más destacado es Marcos Galperin, fundador y CEO de Mercado Libre, con una fortuna estimada en alrededor de 8.000 millones de dólares. Su ascendencia en el ranking internacional —desde el puesto 453 en 2024 al 382 en 2025— refleja tanto la valorización de su empresa como la incidencia de los mercados globales en la medición de patrimonios elevados.

Junto a Galperin, figuran otros magnates con patrimonios que superan los miles de millones de dólares:

• Paolo Rocca, al frente del grupo Techint, con cerca de 5.800 millones de dólares.
• Alejandro Bulgheroni, presidente de Pan American Energy Group, con alrededor de 4.800 millones de dólares.
• Eduardo Eurnekian, líder de Corporación América, con patrimonio estimado en unos 3.500 millones de dólares.

Estos números sitúan a un pequeño grupo de empresarios argentinos en la élite global de la riqueza, mientras la mayoría de la población enfrenta un contexto de pérdida de poder adquisitivo y salarios estancados.

Más allá de las fortunas individuales, la discusión sobre capitales argentinos en el exterior es aún más amplia. Estimaciones de especialistas citadas en trabajos de investigación y análisis económico señalan que los residentes argentinos podrían tener entre USD 320.000 millones y USD 400.000 millones en activos fuera del país, gran parte en instrumentos financieros, bienes raíces o cuentas no declaradas ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Esta cifra incluye tanto activos legales como no registrados y representa un volumen significativo en comparación con el producto interno bruto nacional.

El fenómeno tiene varias aristas:

– Fuga o atesoramiento de capitales: grandes cantidades de dinero se han ido al extranjero como respuesta a ciclos de incertidumbre económica, controles cambiarios y falta de confianza en inversiones locales.
– Inversiones de empresas globalizadas: muchas grandes firmas argentinas —especialmente las que cotizan en bolsas internacionales como Mercado Libre— estructuran sus activos de forma que parte sustancial de su riqueza se encuentra fuera del país.
– Sociedades offshore: revelaciones periodísticas como los Paradise Papers han mostrado que figuras vinculadas al mundo empresarial argentino han utilizado estructuras en paraísos fiscales para gestionar activos, lo que alimenta el debate sobre transparencia y responsabilidad fiscal.

Críticos del actual modelo económico señalan que este fenómeno no solo refleja desigualdad extrema, sino que también tiene implicancias sobre el crecimiento económico interno: capital que podría invertirse en producción y empleo en Argentina muchas veces se mantiene fuera, sin generar actividad productiva local ni contribuir al sistema fiscal argentino.

Mientras tanto, figuras como Galperin —propietario de una de las empresas más valiosas de América Latina— representan la cara visible de una élite económica que acumula miles de millones de dólares, en paralelo a una economía caracterizada por la falta de crédito, inflación persistente y presión sobre los salarios formales.

Si bien no toda la fortuna de estos empresarios está necesariamente “en el exterior”, su presencia en rankings globales y las estrategias de internacionalización de sus negocios muestran que la riqueza concentrada en la cúspide empresarial argentina rara vez se traduce en inversiones productivas dentro del país que beneficien a la mayoría.
Esto plantea una pregunta central para la agenda pública: en un país con desafíos de empleo, industria y crecimiento sostenido, ¿debería reconsiderarse el rol de la acumulación de capital en el extranjero frente a las necesidades internas?