La Convención Constituyente de Santa Fe ya dejó la etapa de arranque formal y se metió de lleno en el laburo: aprobó por unanimidad su reglamento, fijó un plazo máximo de 60 días para dictaminar y organizó la tarea en comisiones que ahora reciben proyectos y audiencias públicas.
El cuerpo se repartió el trabajo en comisiones (las fuentes oficiales y la crónica parlamentaria hablan de ocho mesas temáticas) y aprobó que cada artículo se sancione por mayoría simple, con un quórum mínimo para sesionar. Eso convierte a cada votación en una pulseada política cotidiana: no hace falta una supermayoría, pero sí tener a los convencionales presentes y sumar apoyos.
En los hechos prácticos, las comisiones ya empezaron a recibir expositores y organizaciones. Hay audiencias públicas en curso y la recepción de iniciativas ciudadanas está abierta; los ejes visibles hasta ahora incluyen autonomía municipal, reforma judicial, derechos ambientales y digitales, y mecanismos de democracia directa o semidirecta.
El nudo político —y el que más ruido hace fuera del recinto— es la reelección. El oficialismo impulsa cambios al régimen del Ejecutivo que podrían habilitar la reelección inmediata del gobernador, Maximiliano Pullaro; distintos informes y crónicas parlamentarias confirman que hay proyectos y debates en la Comisión de Poder Legislativo y Ejecutivo al respecto. Al mismo tiempo, la discusión clave es a partir de cuándo regiría cualquier cambio: si la reforma se aplica retroactivamente o solo para mandatos futuros.
La pulseada no es solo numérica sino política: Pullaro llegó al proceso con una bancada con representación importante en la Convención, pero necesita cerrar acuerdos con aliados y negociar con la oposición para evitar que la discusión por la reelección quede trunca o sea interpretada como un ajuste de reglas “a medida”. Las tensiones ya se vieron en intercambios fuertes en sesiones y en crónicas diarias del cuerpo.
La Convención también tuvo un hecho que marcó la agenda humana y administrativa: falleció la convencional Alejandra “Locomotora” Oliveras; la Presidencia del cuerpo notificó el hecho y se comenzó el trámite para definir a su reemplazante, lo que momentáneamente reordenó calendarios y acuerdos internos.
Dato de color: la Convención decidió además incorporar presidencias honorarias en cada una de sus sesiones como homenaje. La iniciativa —impulsada por el convencional Facundo Olivera— señaló al primero de esos reconocimientos: Roberto Juan Sinigaglia, convencional de 1962 y víctima del terrorismo de Estado, que será símbolo de memoria en los actos; la práctica se mantendrá en las convocatorias hasta el cierre del trabajo de la Convención.
En resumen: la máquina institucional ya está en marcha (reglamento, comisiones, audiencias), y la discusión sobre la reelección de Pullaro es la que va a marcar los próximos días. Quedan pocas semanas pero muchas definiciones por delante: si prospera el acuerdo, puede cambiar el mapa político provincial; si no, la convención seguirá jugando con reformas menos explosivas y más técnicas.

