En los últimos dos años, la empresa estatal SAMEEP se convirtió en el símbolo de un servicio en retroceso. Lo que antes eran problemas puntuales hoy es un cuadro estructural, con cortes prolongados, baja presión en barrios enteros y agua que no cumple con los parámetros básicos de potabilidad.
Las roturas en los acueductos se volvieron rutina. El Acueducto Norte dejó sin agua a Resistencia y localidades vecinas; en Puerto Tirol los vecinos denuncian pérdidas constantes y semanas sin suministro. La propia empresa admite que la red está envejecida y que las reparaciones son permanentes, pero no hay inversión suficiente para revertir el deterioro.
El golpe más duro llegó con los estudios de calidad. En 2026 se detectaron niveles de arsénico de 0,035 mg/L en Resistencia, más de tres veces el límite legal de 0,01 mg/L. Investigaciones del ITBA y CONICET confirmaron que los acuíferos chaqueños presentan concentraciones que convierten al agua en un riesgo sanitario. Aunque SAMEEP se defendió con análisis bacteriológicos del Instituto Malbrán, la evidencia química es contundente, el agua que llega a los hogares no es segura.
El impacto social se da en hospitales y escuelas con dificultades para sostener la atención básica, familias que reciben agua turbia y con olor, y una ciudadanía que perdió confianza en la empresa. La Justicia ya intimó al gobierno provincial a garantizar el acceso al agua potable, pero las respuestas oficiales se limitan a promesas de relevamientos y controles que nunca alcanzan.

En su operatividad SAMEEP opera con mecanismos deficientes, sin inversión sostenida y con un sistema de potabilización incapaz de eliminar contaminantes peligrosos, que puede ser por falta de insumos correspondientes. El resultado es un servicio que no asegura continuidad ni calidad, y que expone a la población a riesgos sanitarios graves.
Los reclamos por la calidad del agua que distribuye SAMEEP se multiplican en distintos barrios del Chaco. Los vecinos aseguran que deben limpiar sus tanques con mayor frecuencia debido a la cantidad de sedimento que ingresa desde la red pública. El problema no se limita a la acumulación visible, quienes cuentan con equipos purificadores para consumo advierten que los filtros se saturan mucho más rápido que en gestiones anteriores, obligando a reemplazarlos con mayor asiduidad.

La evidencia de los filtros muestran restos sólidos y coloraciones que reflejan la presencia de partículas en suspensión. “Ni hablar si se los analizara en laboratorio, allí aparecerían los elementos químicos no deseados que hoy circulan en el agua de red”, señalan los usuarios.
El deterioro en la calidad del servicio se suma a los cortes y la baja presión que SAMEEP arrastra en los últimos dos años. La combinación de infraestructura obsoleta, falta de inversión y deficiencias en el tratamiento químico expone a la población a un suministro que ya no garantiza condiciones mínimas de potabilidad.
Hay intimaciones judiciales contra SAMEEP, distintos fallos obligaron al gobierno provincial a garantizar el acceso al agua potable en localidades críticas. Estudios de CONICET e ITBA identificaron áreas con riesgo sanitario alto por presencia de arsénico en acuíferos y redes de distribución.
La crisis del agua en Chaco no es un problema técnico, es un fracaso político del gobierno de Leandro Zdero. El deterioro del servicio de SAMEEP muestra cómo la desidia y la falta de planificación pueden convertir un derecho básico en un servicio incierto.

