Más de un millón de personas, según estimaciones difundidas durante la jornada, despidieron a Carlos “Indio” Solari en el Polideportivo José María Gatica, en Villa Domínico, Avellaneda, durante una jornada que se extendió por casi 18 horas. La fila llegó a extenderse entre 7 y 8 kilómetros, con reportes de más de 70 cuadras de espera para ingresar al predio. La ceremonia comenzó el domingo por la mañana y terminó en la madrugada del lunes, con largas filas, lluvia, banderas, remeras, flores, cánticos y una movilización que reunió a seguidores de distintos puntos del país.
La muerte del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota había sido confirmada el viernes. Tres días después, la despedida pública mostró la dimensión de un fenómeno cultural que excedió largamente a la música. El Indio fue velado en una jornada masiva, emotiva y sin incidentes de gravedad, con un operativo especial de seguridad, tránsito y asistencia sanitaria de la provincia de Buenos Aires.
Una despedida popular: “Si no hay amor, que no haya nada entonces”
Desde temprano, miles de personas se acercaron al microestadio para dar el último adiós. Muchos viajaron desde otras provincias. Otros llegaron con recuerdos de recitales, fotos, banderas ricoteras y canciones que acompañaron durante décadas una forma muy particular de pertenencia.
La familia había pedido que la despedida se viviera con respeto y tranquilidad. Ese clima se sostuvo durante toda la jornada, incluso con horas de espera y condiciones climáticas adversas. Bajo la lluvia, la fila avanzó durante horas y convirtió el velatorio en una ceremonia colectiva.
En Avellaneda hubo dolor, pero también gratitud. Para buena parte de sus seguidores, Solari fue mucho más que una voz. Sus canciones acompañaron adolescencias, crisis, viajes, amistades, militancias y pérdidas. Esa historia compartida volvió a ocupar la calle como una última forma de amor colectivo.
El legado del Indio
Carlos Solari murió el viernes 5 de junio, a los 77 años, en su casa de Parque Leloir. La autopsia preliminar indicó que la causa fue un ACV no traumático. El músico padecía Parkinson desde hacía años y se había alejado de los escenarios, aunque mantuvo apariciones puntuales junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó una de las obras más influyentes del rock argentino. Sus letras, atravesadas por imágenes políticas, personajes marginales, crítica social y una poesía difícil de encasillar, marcaron a varias generaciones. Después, en su etapa solista, sostuvo una relación singular con un público que convirtió cada aparición en un ritual.
El Indio se mantuvo lejos de la lógica tradicional de la fama, de la televisión permanente y del molde de celebridad obediente. Esa independencia también fue parte de su mito. En tiempos donde cualquiera opina de todo para no desaparecer del algoritmo, Solari hizo exactamente lo contrario y siguió siendo enorme.
Una despedida a lo grande y el nacimiento de un mito popular
El cierre del velatorio dejó una imagen acorde con su historia. Lluvia, canciones, abrazos, silencio y una multitud caminando durante horas para despedir a un artista que hizo del rock y la poesía una forma de identidad popular. En redes circuló una frase que lo resumió con precisión. El Indio “puso a bailar a los filósofos y a leer a los ladrones”.
Ese legado seguirá ahí, en las canciones que vuelven cuando el país se pone difícil, en las frases que cada generación adopta como propias y en una obra que mezcló poesía, calle, marginalidad, lucidez y misterio. También en esa ética de no rendirse ante lo domesticado. Lo escribió él mismo, con una lucidez extraordinaria. “En la resistencia está, todo el hidalgo valor de la vida”.

