La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, denunció este domingo una “violación de la libertad religiosa” luego de que autoridades israelíes impidieran al Patriarca Latino de Jerusalén celebrar la misa de Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro.
En el inicio de la Semana Santa para la Iglesia católica, el Patriarcado Latino —una diócesis con fieles en Israel, los territorios palestinos, Jordania y Chipre— informó que la policía bloqueó el ingreso del cardenal Pierbattista Pizzaballa y del custodio del templo.
“La libertad de culto en Jerusalén debe estar plenamente garantizada, sin excepciones, para todas las confesiones. El carácter multirreligioso de Jerusalén debe ser protegido”, expresó Kallas.
Las autoridades israelíes atribuyeron el episodio a “preocupaciones de seguridad” ante la amenaza de ataques con misiles provenientes de Irán contra la población civil. Sin embargo, dirigentes europeos repudiaron la decisión.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, calificó el hecho como una “ofensa no sólo para los creyentes” y ordenó a su canciller convocar al embajador de Israel.
“El Santo Sepulcro de Jerusalén es un lugar sagrado de la cristiandad y debe ser preservado y protegido para la celebración de los ritos”, señaló un comunicado del Palacio Chigi, sede del gobierno italiano.
Y agregó: “Impedir el ingreso al patriarca de Jerusalén y al Custodio de Tierra Santa, más aún en una celebración central como el Domingo de Ramos, constituye una ofensa no sólo para los creyentes, sino para cualquier comunidad que reconoce la libertad religiosa”.
En la misma línea, el presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió que el episodio “se suma a la preocupante multiplicación de violaciones del estatuto de los lugares santos de Jerusalén” y sostuvo que la libertad de práctica religiosa debe garantizarse para todas las religiones.
El jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, también se sumó a las críticas y condenó lo que consideró “un ataque injustificado a la libertad religiosa”.
Por su parte, el Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa afirmaron que el incidente “sienta un grave precedente y afecta la sensibilidad de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, dirigen su mirada a Jerusalén”.
Además, destacaron que durante la guerra las iglesias “acataron todas las restricciones impuestas”, con cancelación de reuniones públicas y transmisión de celebraciones para los fieles.
Tras el incidente, el presidente de Israel, Isaac Herzog, se comunicó con el cardenal Pizzaballa para expresarle su “profundo pesar por el desafortunado episodio” y explicó que la medida respondió a motivos de seguridad, luego de recientes ataques con misiles en la zona de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Herzog mencionó el impacto, el sábado, de un misil en la localidad de Eshtaol, cerca de Jerusalén, que dejó 11 heridos y daños materiales. Entre los afectados se encontraban un hombre de 75 años y un niño de 4.
En la misma línea, la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que “no hubo mala intención”, sino una preocupación por la seguridad del cardenal y su comitiva.
También indicó que se trabaja en un plan para permitir que los líderes religiosos celebren servicios en el lugar en los próximos días, en el marco de la semana previa a la Pascua cristiana.

