Caputo se refugia en denuncias mientras los datos profundizan el deterioro
En medio de indicadores económicos que exhiben tensiones crecientes, el ministro de Economía Luis Caputo volvió a apuntar contra periodistas y empresarios, a quienes acusó de impulsar supuestas “operaciones” contra el Gobierno. La reacción llega en un contexto donde los propios datos oficiales empiezan a poner en cuestión el rumbo del programa económico de la gestión de Javier Milei.
Lejos de asumir inconsistencias o revisar el esquema de ajuste, Caputo eligió reforzar un discurso defensivo que desplaza responsabilidades hacia actores externos. Apoyado en publicaciones de referentes ideológicos cercanos al oficialismo, el ministro sostuvo que existe una suerte de conspiración mediática y empresarial, en lugar de responder a los indicadores que muestran una realidad económica cada vez más compleja.
El contraste es evidente. Mientras el Gobierno insiste con una narrativa de “récords” en variables como consumo, inversión o PBI, otros datos también oficiales muestran un deterioro sostenido en el empleo, el poder adquisitivo y la actividad de sectores clave. Según el INDEC, el desempleo alcanzó el 7,5% hacia fines de 2025, con un marcado crecimiento de la precarización laboral.
A esto se suman señales financieras preocupantes, como la suba del riesgo país por encima de los 600 puntos y la caída de reservas internacionales, incluso en un escenario de intervención del Banco Central. El consumo masivo continúa en retroceso y miles de pequeñas y medianas empresas enfrentan cierres o fuertes caídas en su actividad.
En este marco, las explicaciones del ministro aparecen cada vez más desconectadas de la experiencia cotidiana. La apelación a un supuesto “relato” adverso contrasta con la evidencia de un modelo que, aun mostrando mejoras en algunos indicadores agregados, no logra traducirse en bienestar para la mayoría de la población.
Las críticas apuntan a que el esquema económico vigente no carece de dirección, sino que responde a prioridades claras: favorecer sectores concentrados, con fuerte presencia en el sistema financiero, energético y exportador. En ese sentido, el crecimiento que destaca el oficialismo aparece focalizado en lo que suele denominarse el “círculo rojo”, con escaso derrame hacia el empleo y la producción.
Incluso dentro del propio discurso oficial se reconoce, de manera implícita, la brecha entre datos y realidad. Cuando Caputo plantea que “los datos expondrán la narrativa”, admite que esa convergencia todavía no ocurre. Y no hay señales de que vaya a producirse en el corto plazo si se mantiene el actual sendero de ajuste.
En paralelo, el clima político también muestra signos de desgaste. Encuestas recientes reflejan una caída en la imagen del Gobierno, con especial impacto en temas sensibles como empleo e ingresos. A esto se suman controversias y denuncias que erosionan la credibilidad del equipo económico.
Así, más que un plan orientado al desarrollo integral, lo que se observa es una estrategia que prioriza el orden macroeconómico a cualquier costo, sin mecanismos efectivos de contención social. En ese escenario, las reiteradas denuncias de “operaciones” funcionan como un recurso discursivo frente a una realidad que se vuelve cada vez más difícil de encuadrar en el relato oficial.

