Mientras Javier Milei volvió a ubicarse sin matices del lado de Estados Unidos e Israel en la escalada contra Irán, los datos de opinión pública muestran que esa posición no expresa a la mayoría social argentina. El dato central no es militar, porque Argentina no entró formalmente en la guerra, sino político y diplomático: el Gobierno decidió respaldar la ofensiva y asumir un tono de confrontación que vuelve a exponer al país en un conflicto externo que la sociedad, en su mayoría, no acompaña.
El alineamiento de Milei
La postura oficial quedó explicitada el 28 de febrero, cuando la Oficina del Presidente celebró la operación conjunta de Estados Unidos e Israel que, según el comunicado oficial, terminó con la eliminación de Alí Jamenei. En ese mismo texto, la Casa Rosada sostuvo que Argentina espera que esa acción militar de “nuestros países aliados” ponga fin a décadas de opresión en Irán. Ya no se trató de una declaración diplomática ambigua ni de un llamado a la paz: fue un respaldo político explícito a una acción armada.
Ese alineamiento fue reforzado por el propio Milei en su viaje a Nueva York. En la Yeshiva University se definió como “el presidente más sionista del mundo” y, según la transcripción oficial de Casa Rosada, cerró uno de sus pasajes sobre Medio Oriente con un “vamos a ganar”. Coberturas periodísticas de ese discurso precisaron además que vinculó esa frase con la guerra contra Irán y que volvió a ubicar a ese país como enemigo de la Argentina.
La reacción iraní no tardó. Días después, funcionarios del régimen condenaron las declaraciones “hostiles y antiiraníes” del presidente argentino y cuestionaron su alineamiento con Estados Unidos e Israel, al punto de advertir sobre la responsabilidad internacional que podría asumir la Argentina por ese respaldo. El choque, entonces, ya no quedó en el terreno retórico interno: pasó a convertirse también en un problema diplomático.
El rol real de Argentina
Conviene separar la propaganda del dato concreto, Argentina no participa formalmente en la guerra con tropas ni como parte beligerante. Su rol, hasta ahora, es el de respaldo político, discursivo y diplomático a la ofensiva encabezada por Estados Unidos e Israel. Ese es precisamente el punto que vuelve relevante la discusión interna: Milei decidió comprometer la voz internacional del país en una guerra externa sin que exista un consenso social visible que acompañe ese movimiento.
A esto se suma el contexto internacional de estas horas. Este 23 de marzo Israel seguía realizando ataques en Teherán, mientras Donald Trump dijo que Estados Unidos mantuvo conversaciones con Irán y postergó eventuales ataques contra infraestructura energética iraní. Es decir, el conflicto sigue abierto, volátil y con derivaciones todavía imprevisibles. En ese escenario, la sobreactuación ideológica de la Casa Rosada no fortalece a la Argentina: la expone.
Lo que piensa la sociedad argentina
La distancia entre Milei y la opinión pública quedó reflejada en una encuesta nacional de Zuban Córdoba realizada entre el 10 y el 11 de marzo sobre 1.200 casos. Según ese relevamiento, el 72,7% de los consultados se manifestó en contra de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, contra apenas un 14,2% que dijo estar a favor. El rechazo no se limita al electorado opositor: incluso entre votantes de Milei en 2023, el 53,4% se mostró en contra del conflicto.
El mismo estudio agregó otro dato todavía más incómodo para la Casa Rosada: el 66,4% respondió que la posición de Milei frente a esta crisis no representa a todos los argentinos, contra solo un 20,7% que dijo que sí. En otras palabras, el Presidente eligió una guerra ajena como bandera propia, pero una clara mayoría social no lo sigue en esa aventura.
Milei adhiere a la guerra y convierte ese alineamiento en parte de su identidad internacional. La sociedad argentina, en cambio, aparece mayoritariamente en otra frecuencia: rechaza la escalada bélica y no se siente representada por ese involucramiento político. En un país con la memoria todavía atravesada por los costos del terrorismo, la violencia estatal y las tragedias internacionales que lo golpearon de lleno, jugar al soldado discursivo desde la Casa Rosada no expresa al conjunto de la Argentina.

