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marzo 30, 2026

El crecimiento del PBI se concentra y no llega al empleo ni a los ingresos

El Gobierno nacional exhibe como uno de sus principales logros la expansión de la economía durante 2025. Sin embargo, detrás del dato agregado, emerge una realidad más compleja: el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) no se traduce en mejoras concretas para la mayoría de la población ni en una recuperación del empleo.

De acuerdo con datos del INDEC, la actividad económica creció 4,4% en 2025 y alcanzó un nivel récord en términos absolutos. No obstante, ese desempeño pierde consistencia cuando se lo analiza en función de la población: el PBI per cápita continúa por debajo de los máximos históricos, evidenciando que la mejora no alcanza a compensar el deterioro acumulado en los últimos años.

Además, hacia el cierre del año se registró una desaceleración, con señales de estancamiento en las series desestacionalizadas y tendencia-ciclo. Este freno, sumado a la heterogeneidad sectorial, pone en duda la solidez del modelo de crecimiento que impulsa la administración de Javier Milei.

El incremento del producto estuvo motorizado principalmente por el consumo privado, que creció 7,9%, y por la inversión, con una suba del 16,4%. Sin embargo, en este último caso, los niveles se mantienen por debajo de los picos registrados en años anteriores, lo que relativiza su impacto estructural.

Del lado de la oferta, el dato más significativo es la fuerte expansión de la intermediación financiera, con un salto del 24,7%. También se destacaron el agro, el comercio, las actividades inmobiliarias y los sectores vinculados al petróleo y la minería. Se trata, en gran medida, de rubros con alta capacidad de concentración económica y menor generación de empleo directo.

En contraste, los sectores con mayor peso en la generación de trabajo —como la industria y la construcción— continúan en retroceso. En el último trimestre de 2025, la industria cayó 5% interanual y el comercio 2,2%, consolidando un escenario donde las actividades intensivas en empleo pierden terreno frente a otras más concentradas y capitalizadas.

Este desbalance se refleja en el mercado laboral. La economía crece, pero no genera empleo en la misma proporción. Incluso, algunos de los sectores que lideran la expansión, como el financiero o el energético, registran destrucción neta de puestos de trabajo, producto de procesos de reconversión que reducen la necesidad de mano de obra.

Un informe del Banco Provincia advierte que 2025 marcó un punto de inflexión: por primera vez en años, el PBI creció al mismo tiempo que aumentó el desempleo. La explicación radica en una combinación de factores: actividades poco intensivas en trabajo y una caída del poder adquisitivo que empuja a más personas a buscar empleo.

En términos concretos, el resultado es un crecimiento económico que no “derrama”. La mayor producción generada durante el año no se distribuye de manera homogénea, sino que tiende a concentrarse en sectores específicos y en actores de gran escala, dejando al margen a buena parte del entramado productivo y a los trabajadores.

Así, el modelo actual muestra una dinámica donde los indicadores macroeconómicos pueden exhibir mejoras, pero sin impacto directo en la vida cotidiana. La recuperación del PBI convive con salarios deprimidos, empleo en retroceso y un consumo debilitado.

En ese contexto, las críticas apuntan a que el crecimiento que celebra el Gobierno no se traduce en desarrollo inclusivo, sino que beneficia principalmente a un núcleo reducido de grandes grupos económicos, reforzando la distancia entre los datos agregados y la realidad social.